miércoles, 23 de enero de 2019

En otra Vida


                                               En otra vida

     En ocasiones estamos disconformes con nuestras vidas. ¡Muy mal! Muchas veces criticamos a los demás porque queremos que los demás sean como nos gusta. ¡Muy mal!
    Tenemos que pensar que estamos prestados aquí, en este mundo y tenemos que pasarla lo mejor que podamos. Tratar de no hacer mal a nadie, convivir con los demás y aceptarlos con sus virtudes y defectos.
    Vamos a suponer que no soportamos a fulano, y si en otra vida reencarnamos y ese fulano es nosotros y viceversa. Nos sentiríamos mal.
    Digo esto porque yo no creía en otras vidas y ahora creo. Todo puede ser al revés como me ha sucedido a mí. Antes no reparaba si un pájaro pasaba el invierno bien o mal, si a la vaca había que sacarle la leche en contra de su voluntad o si el gato comía ratones o no. Sí, porque volver a la vida puede ser de cualquier forma. Podemos ser un animal, una planta otra persona o a lo mejor una roca.   
    En el caso mío es angustioso. Puedo contemplar a los enamorados, a una familia disfrutando del campo…pero, por otra parte, odio a los perros, yo que los amaba tanto en mi otra vida, algunas aves me irritan de sobremanera y a mi nieto que lo quería tanto, le tengo miedo. ¡Sí! ¿Saben por qué? Pues mi nieto es leñador, los pájaros carpinteros me fastidian, otros pájaros me llenan de porquería, los perros vienen a mearme y todo porque ahora soy un árbol.


pcfa

      

  

Día Fatal










                                                          Día Fatal

Hoy me levanté con el pie izquierdo. Bueno en realidad no fue con ese pie, ni con el derecho tampoco. ¡Me caí de la cama! El golpe con el piso me hizo mirar el reloj. Era muy tarde para ir a trabajar. Corrí para el baño y por suerte el chorrito no cayó fuera del inodoro. Cayó dentro de la zapatera. Los zapatos estaban llenos de orina. Pensé en la cara que pondrían mi mujer y mi suegra. Me fui a lavar los dientes y se había terminado la pasta dental, por suerte había otro tubo debajo del lavamanos. Algo bueno entre tanto contratiempo. Lavaba la dentadura y notaba que no hacía espuma y entonces me di cuenta demasiado tarde. Había puesto Hemoal para las hemorroides. Dejé la dentadura y corrí hacia el autobús en el justo momento que se marchaba. Para el próximo faltaban veinte minutos. Así que decidí tomarme una taza de café en el bar frente a la parada de autobús y donde acostumbro a tomar el café antes de tomar el autobús.
  El camarero me miró extrañado y me dijo: ¿Nuevo Look, Don Pepe? Iba a contestarle y me acordé de la ausencia de mis dientes y moví la cabeza afirmativamente. ¿El café de siempre? Volví a responder del mismo modo.
  Llegué a la Empresa y todos me observaban extrañados. Normal, pensé, nunca llego tarde. Me senté en mi puesto a esperar que llegaran los clientes cuando el jefe me hizo señas para que fuera a su despacho.
   ─Señor Maldonado, es mejor que se vaya para su casa.
   ─Pero señor Torres, ¿Por qué?
   ─ ¿Me lo preguntas? Le faltan los dientes, el peluquín lo lleva al revés, trae zapatillas de dormir en lugar del calzado reglamentario, lleva puesta la corbata como quiera y por encima de la camisa de dormir.
  No sabia que decirle. Bajé la cabeza y salía de su despacho cuando me dijo:
   ─ ¡Señor Maldonado! Lleva colgando del bolsillo trasero un sostenedor. ¡Cuidado no lo vaya a perder!

 

pcfa






sábado, 29 de diciembre de 2018

Era Malo




                                                  Era Malo



Muchos años juntos. Ella no podía vivir sin él. Si no estaba junto a él, lo buscaba porque la atracción que sentía era algo anormal. Se sentía seducida a todas horas y ella sentía satisfacción. Le gustaba hasta las últimas consecuencias.

 Los años pasaron y comenzó a percatarse que la dominaba y le hacía daño. El cuerpo comenzó a sentir ese maltrato, pero no tenía valor para romper con él. Sentía miedo, terror. Algo tenía que hacer ¿Qué podía hacer? Estaba atada de mano y pie a él.

Dos años más, la perjudicaba más y estaba totalmente dependiente de él. Esa situación la llevó a llenarse de valor e idear un plan para eliminarlo.

 Estaba allí, a su lado, ajeno a lo que ella pensaba. Él sentiría sus labios por última vez. Disimuló sentir placer y cuando tuvo bastante, con gran soberbia lo lanzó al piso, lo roció con gasolina y le prendió fuego. Comenzó a arder antes la sonrisa macabra pero llena de satisfacción de ella.

 Una vez convertido en cenizas, se acostó de nuevo. Había terminado con una gran pesadilla y ahora podía respirar profundo, llenar sus pulmones de aire puro.

Era el último cigarro. No volvería a fumar jamás.

pcfa

jueves, 27 de diciembre de 2018

El Agujero de Samuel





                                         El Agujero de Samuel

  Aquel día la vio y quedó impresionado por su belleza y figura. Luego siguió pasando frente a su casa y siempre estaba asomada a la ventana.

  Al principio ella no lo miraba, pero un día lo miró y le sonrió. Sintió un flechazo en su corazón. Cupido, al final, había tenido muy buena puntería.

  El padre de la joven era considerado un ser repugnante y temible a la vez. Decían las malas lenguas que había enterrado a mas de uno y quizás por eso, le temían. Él era la ley en toda aquella zona y no había policía que se acercara por allí.

  Don Francisco sorprendió a su hija sonriéndole al joven cuando este se dirigía al trabajo y con paso largo, le puso una de sus manos grandes y le hizo voltearse. De los ojos de Don Francisco salían chispa que se clavaron en los ojos de aquel muchacho tembloroso y débil. Con voz alta y gruesa, le gritó a escaso centímetros de su rostro: “Si te veo pasar de nuevo por aquí, te mato.”

  Samuel no podía renunciar a poder ver a la preciosa muchacha. Era imposible poder observarla desde el lugar donde vivía. Una lengua rocosa salía de la costa y se adentraba en el mar impidiendo ver la casa de la joven.

  El amor es mas fuerte que las bestias, el terror, el infierno y siempre peleará como Dios contra los demonios. Armado de cincel y martillo, comenzó la obra. Tenía que hacer un gran agujero en las rocas.

  Pasaron los días, los meses, los años, hasta que un día, el último pedazo de roca cayó al mar. Saltó de alegría y corrió para su casa. Se sentó cómodamente en el portal y tomó sus binoculares. Allí estaba, frente a su casa. ¡Tan bella como siempre! Un escalofrío recorrió su espalda cuando observó la llegada de un auto. Un hombre salió del mismo y se dirigió hacia ella. Se dieron un beso eterno, de esos que hacen olvidar el tiempo. Don Francisco salió al encuentro de ellos y estrechó la mano del señor. Ella se introdujo en el auto y se fue.

  Samuel bajó lentamente los binoculares y sus ojos se humedecieron.

  Al día siguiente unos pescadores divisaron a un hombre ahorcado en el agujero. ¡Era Samuel!

pcfa  




La Cruz




                                          La Cruz





Arrodillada ante la cruz y en sus manos un ramo de flores. Sendas lágrimas se van deslizando lentamente, sin prisa, recorriendo sus mejillas y cayendo en las flores. La mirada fija en sus pensamientos, en aquella triste Navidad que se los llevó el viento.

Besó las flores y las dejó allí, junto a una minúscula placa de mármol. Se incorporó, despacio, como si no quisiera ponerse de pie o quizás por el peso de su tristeza. Dio media vuelta y comenzó a andar, sin rumbo, sin prisa, como mismo llega la muerte.

  Todo ocurrió aquel domingo de un verano. Como todos los domingos, paseaba con su hijo y su madre. Observaban los escaparates de las tiendas, se sentaban a tomar café o helados y compartían como cualquier familia. Momentos que no le daba importancia porque era normal para ella, son esos momentos que lloramos cuando se nos escapan. ¡Si hubiera sabido! Si se hubiera dado cuenta que debemos vivir los momentos felices, esos que creemos son normales, acariciarlos con nuestro corazón porque nadie sabe cual será el último.

  Su hijo quería un helado de chocolate y ella lo dejó con su madre para ir a buscarlo. A quince metros estaba la heladería. Una distancia corta, pero marcaba la separación entre la vida y la muerte. La muerte cambia de traje constantemente. La puedes ver vestida de gala o de cualquier cosa.  Se disponía a regresar cuando observó llena de espanto como la muerte vestida de autobús, arrastraba a sus seres queridos y a muchos más. A algunos los dejó para venir a buscarlo más tarde. A sus tesoros, se los llevó para siempre.

   A partir de aquel verano supo el valor de los momentos felices.

pcfa

miércoles, 5 de diciembre de 2018

Cuando te ví


                                                                   



                                     



                                      Cuando te vi



Aquellos hermosos ojos negros, me enloquecieron.

Fue esa locura inocente despertando los sentidos.

Te conviertes en algo que nunca has sido

y llueven los sueños que nunca existieron.



Ese día, cuando te vi, surgir de la nada sonriendo,

alumbraste, sin saberlo, mi camino a recorrer.

Porque a partir de ese momento pensaba en poder

amarte eternamente, mientras estuviera viviendo.



Cuando te vi, llegó la magia, todo desapareció.

 No había nada alrededor desviando mi atención

y fuerte se escuchaban los latidos del corazón.

Yo, en ese mundo creado, estábamos sólo, tú y yo.





Autor: Pedro Celestino Fernandez Arregui


MIRADAS







                                                                MIRADAS



Esa mirada que hipnotiza, que resbala y tropieza con la mía.

Esas miradas que hablan de sentimientos y que nadie escucha

son miradas que llevan, sin tapujos, mensajes de almas puras

y se vuelven monumentos perpetuos para toda una vida.

No importa la distancia, la forma ni el color de los ojos,

porque las miradas tienen vida propia, son independientes.

capaces de leer los corazones, el alma, las mentes.

Capaces de transmitir alegrías, disgustos y enojos.

Así fueron nuestras miradas enamoradas y aquel día,

dicen que fue el mas lindo donde brilló el Sol.

Aquella noche, cada uno en su cama, soñó con su amor

y se impregnaron, de aquellas miradas, para toda la vida.



Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui