sábado, 20 de enero de 2018

La Silla







                                                                     La Silla

                                                   Cuento infantil para Navidad

 

Necesitaba una silla de  ruedas, de esas que usan la gente con problemas para caminar, y aprovechando la Navidad, pensé pedirla. En principio no sabía si a Papá Noel o a los Reyes Magos, aunque no sé por qué, vienen casi al mismo tiempo. Debía venir uno (Papá Noel que siempre está con gorro y traje de invierno), en Navidad y los otros que están acostumbrados al calor, en verano.

El caso es que se lo pedí a Papá Noel. Me levanté temprano y corrí hacia el arbolito. Estaba lleno de paquetes envueltos en papeles de regalos. Busqué el mío y nada. Un paquete pequeño con mi nombre si había, pero no cabía una silla. ¡Claro era una Tablet! ¡Qué desilusión! Corrí hacia mi cuarto llorando y comencé a decirle barbaridades al gordito vestido de rojo que tengo en mi habitación. Él, impasible, soportaba heroicamente mi tempestad de improperios.

Me acosté con mis últimos sollozos pero al algo me despertó. Me incorporé y frente a mí ¡PAPA NOEL!  No sabía si seguir llorando o alegrarme. Se acercó y me dijo, con esas palabras dulces que salen del alma de los abuelos:

“Hijo, comprendo tu cólera, pero quiere decirte algo. Te traía tu silla cuando pasé por una aldea remota de África. Había muchos niños jugando con palos, piedras y muchas cosas que la naturaleza les brinda. Pero uno de los niños no reía ni jugaba. Le faltaba un brazo y sus padres habían muerto. No llevaba juguete para ellos porque ellos no saben ni que existo. Regresé y le dejé tu silla de rueda. ¡No sabes lo contento que se puso! ¿Sigues enfadado?” Le contesté casi en un susurro: La silla no era para mí. Era para mi vecinita que no tiene juguetes y no puede caminar.

 Papá Noel me abrazó fuerte y no dijo palabra. Se esfumó y me acosté de nuevo.

  Me desperté temprano y miré por la ventana como los niños del barrio jugaban con los regalos recibidos y quedé paralizado de emoción cuando ví a mi vecinita con una silla de ruedas.

 Le conté a mis padres mi encuentro con Papá Noel y me aseguraron que había sido un sueño y que la silla fue donada por una Asociación de ayuda a los discapacitado, pero yo sigo creyendo que hablé con él.