viernes, 4 de febrero de 2022

Tal Vez Mañana (poema)


  


Tal Vez Mañana

 

Tal vez mañana no exista, pero si existe,

quizás desaparezca la angustia y el dolor

y surja con todas las fuerzas,

los abrazos, las sonrisas y el amor.

Tal vez mañana el Mundo sea mejor

más limpio y más hermoso,

libre de catástrofes y contaminación.

Tal vez mañana no exista la guerra

y los ejércitos sean de ayuda y paz.

Tal vez mañana solo emigren los animales

y para todos salga el Sol.

Tal vez mañana nos encontremos

con pensamientos distintos

y opiniones diversas,

pero en la misma mesa el vino beberemos.

Tal vez mañana preferir un color

no sea una vergüenza

y nos ayudemos unos a otros

a escoger lo mejor.

Tal vez mañana el hombre y la mujer

sean ejemplos a seguir

para sus hijos sedientos de amor

Hoy el Mundo agoniza

y su gente también.

Quiero que todo cambie un día,

no sé, Tal vez mañana.

 

 

 

Pcfa

viernes, 28 de enero de 2022

El Amor mas allá de la Vida (Poema)


 

 

 Nuestro Amor mas allá de la Vida

 

 

Volveré cuando el viento

regrese mis cenizas a la vida

y entonces iré a tu encuentro.

Te buscaré y te amaré

por todas las vidas

 

Mientras, en algún rincón del inmenso Universo

estaré vagando, quizás por Siglos,

esperando en algún andén

el tren que me lleve a tu encuentro

y entonces viviremos todos los momentos.

 

Quizás seamos dos estrellas

o formemos una galaxia resplandeciente,

pero si estoy seguro que seremos únicos,

indestructibles y diferente.

Así es el verdadero amor

mas allá de la vida.

 

Pcfa

lunes, 24 de enero de 2022

El Barquito Pilín (Cuento infantil)


 

El Barquito Pilín

En una bahía, esa masa de agua de mar que parece que la costa la quiere abrazar, navegaba un barquito pequeño, alegre, simpático e inquieto que los demás barcos le tenían cariño. Menos uno.

Cada cierto tiempo entraba en la bahía un enorme barco que hacía tiempo no recibía pintura, sus motores hacían mucho ruido y entraba a mas velocidad de lo normal por lo cual levantaba grandes olas que molestaban a las demás embarcaciones. Ese barco era muy mal visto y sobre todo porque abusaba mucho de Pilín (Así se llamaba el barquito), pues pasaba muy cerca de él y el oleaje que producía a su paso, zarandeaba al barquito hasta casi hacerlo naufragar y además hacía repetir su claxon potente y molesto n montón de veces para así maltratar al pequeño barquito. Esa actitud entristecía a Pilin, pero no se enfadaba, porque decía que los que actuaban así no eran felices y su vida era un infierno. En realidad le tenía lástima.

Un día entró el grande y horroroso barco y como siempre realizó las mismas maniobras y se comportó de la misma manera, pero en esta ocasión el barquito estaba muy cerca de la costa y el prepotente navío metió la proa (la parte delantera del barco), en la arena de la costa. Enfadado, aceleró al máximo los motores y puso el retroceso, pero el barco no se movía. Pitaba como un loco y por el gran tubo de escape salía humo espeso y negro, pero el buque no se movía ni un centímetro. Los motores se calentaban demasiado y estaba corriendo el peligro de quedar inutilizados.

Pilín había seguido su recorrido por la bahía cuando los incesantes pitidos del barco lo hizo detenerse y se dio cuenta de la situación de aquel barco. Velozmente se dirigió  a él y le lanzó una gruesa cuerda. El gran barco se enfadó, porque era imposible que ese pequeño barco pudiera sacarlo de la arena. Pilín comenzó a tirar fuerte, muy fuerte, pero nada. Volvía una y otra vez, pero sin lograr nada. No obstante, no cesaba en su empeño de ayudar al grandulón.

Los demás barcos, al ver el esfuerzo que hacía el pequeño barquito y temiendo que fuera a sufrir algún daño por ayudar al mal educado y grosero navío, decidieron ayudarlo. Todos comenzaron a tirar hasta que fue saliendo de la arena. Una vez terminada la tarea, todos se pusieron a pitar de contentos, porque cuando se actúa de buena fe, las victorias nos d felicidad y paz en el alma.

Desde entonces, dicen que el barco entra despacio en la bahía y saluda a todos con un pitido suave y casi musical. ¡Y hasta luce unos colores preciosos!

Por eso, amiguitos, nunca renuncien a ayudar a nadie, aunque sean antipáticos y antisociales como el barco del cuento, porque al final una buena acción, si no los cambia a ellos, nos hace mejores.


Pcfa

 

 

 

 

 

jueves, 23 de diciembre de 2021

Baila la Palmesana (poesía)


                                                           
                                                                       Baila la Palmesana

Lleva sus zapatos rojos

la licra bajo un vestido

y un sombrero colorido

quiere taparle los ojos.

 

En el piso, está a su lado,

Un bolso. Espera monedas

Pero  me da mucha pena

Verlo triste y desolado.

 

Una pequeña bocina

hace escuchar melodías

 Y un día tras otro día

sus vecinos, coinquilina.

 

Mueve  manos delicadas

Con suavidad y elegancia

repartiendo la fragancia

En dosis proporcionadas

 

Siente en aquel piso frío

Un escenario ideal

Ella tiene que bailar

Con elegancia y con brío.

 

Interpretando un bolero

Con cadencia en las caderas,

Su tristeza muy sincera

Con un tango arrabalero.

 

Sus manos se mueven solas

Las piernas son filigranas

la elegancia palmesana

Al ritmo de suaves olas.

 

 

El Sol, sin prisa, bajando

las monedas han caído

ella es un ser poseído

Que siempre sigue bailando

 

Al final, se ha detenido

No muestra cansancio alguno

¡Es fuerte el poder hembruno!

por eso se ha mantenido

 

 

Quizás regrese mañana

tal vez nunca la veré

Yo de nuevo allí estaré

 bailarina palmesana.

 

 

Autor: Pedro Celestino Fernandez Arregui

 

 

 

martes, 21 de diciembre de 2021

Atrapado


 

                                                   ATRAPADO

     Lo que le pasó a él le sucede a cualquiera y por eso no podemos desesperarnos ante un problema. Hay que analizar las cosas con calma, siempre y cuando tengamos cerebro para eso. El siguiente relato es una muestra de la desesperación que puede causar un episodio de nuestras vidas.

     Todas las tardes, poco antes del anochecer, se asomaba a la ventana de su habitación y se pegaba al cristal para ver mejor. Sabía que a esa hora, la joven se duchaba y luego se acostaba un rato a leer. La vio salir del baño desnuda, como siempre lo hacía, con una toalla envuelta en su cabeza para secar su cabellera. En realidad, el no miraba el cuerpo de la mujer como un deseo que pudiera tener sino, como una obra maestra de la naturaleza.  Sus ojos seguían todos los movimientos de aquella chica. Se había puesto una bata de dormir, se estuvo secando el pelo con el secador, luego cogió un libro de la mesita de noche y se puso a leer. El disfrutaba viendo sus gestos, al parecer, según lo que leyera. Tan absorto estaba que no se percató de que alguien se acercaba y cuando se dio cuenta, estaba encerrado. Era imposible entrar en el cuarto de la joven y ahora alguien, le había cortado la posibilidad de marcharse. Comenzó a tejer una serie de posibles culpable y consecuencias. ¿Por qué harían eso? ¿Me mataran? La mujer no podía hacerle nada porque ella estaba leyendo tranquilamente. Lo más probable es que el padre quisiera aplastarlo. Lo había visto varias veces en la carnicería donde trabajaba y no tenía compasión con nadie. El hacha y los cuchillos eran manipulados con rabia y al parecer disfrutaba ver sus manos llenas de sangre. También podía ser el hermano. Se reúne con delincuentes y asesinan perros como si fuera una gracia. Observó que la chica se había dormido. Se puso en un rincón a esperar lo peor, sin dormir nada y así amaneció. Un ruido lo despertó y entonces vio como la cortina metálica de la ventana se había abierto y salió volando del espacio entre el cristal y la cortina en la que había pasado  la noche. ¡Pobre moscón!

 

Pcfa

 

lunes, 20 de diciembre de 2021

Mi Adolescencia


 

 

MI ADOLESCENCIA

 

Tenía esa edad en que quieres ser adulto pero eres un niño, esa edad donde nos afeitamos para que nos salgan pronto la barba y el bigote, la edad en que queremos ser mayores y comenzamos a “probar” cosas de adultos como el alcohol o el tabaco, cuando no queríamos usar pantalones cortos o bombaches (muy de moda para los niños en mi época) y queríamos ir al cine para ver una película prohibida para 16 años, entre otras cosas.

En esa edad, nos enamorábamos por el rostro Era lo único que veíamos de las chicas. Los vestidos de la época escondían todo, aunque algunos modelos dejaban calcular el tamaño de los senos.

En esas condiciones, me enamoré de la hija de un ganadero de la zona. El señor, aunque era relativamente joven, tenía fama de tener más mala leche que un toro de lidia cuando sale al ruedo. Tenía miedo de que alguien le hablara sobre mi cortejo a su hija.

Estrella me dijo un día que su padre quería conocerme. Fue como si me dijeran que me iban a torturar, pero era peor si no asistía a su casa.

Le saqué brillo a los zapatos de tal manera que podía ver las espinillas en mi rostro. Me puse un pantalón largo planchado con sendos filos prominentes semejantes a las proas de un catamarán y una camisa blanca, también planchada que te obligaba a llevar el cuello tieso como todo un caballero de la Edad Media con su armadura. A esto hay que agregarle medio pomo de colonia distribuida por todo el cuerpo.

Llegué a la casa de Don Porfirio dos minutos antes de las cinco de la tarde, hora acordada. Me hizo pasar a un gran salón que hacía derroche de ostentación.

– Buenos días, joven.

– Buenos días, Don Porfirio

– ¿Usted fuma? –me preguntó ofreciéndome un tabaco enorme.

– No señor. Muchas gracias.

– ¿Bebe ron o vino?

– No señor, ninguna de las dos cosas.

– ¡Manuela! ¡Tráele jugo de mango al muchacho!

– Así que usted está enamorado de mi hija. ¿Cómo piensa mantenerla?

¿Mantenerla? ¿Cómo la voy a mantener? Pensé.

– Pues trabajaré –le respondí casi balbuceando.

– Le puedo dar trabajo limpiando los excrementos de las vacas en los establos.

¿Recoger mierda? Este hombre está loco. Tengo que decirle que sí. No tengo alternativa, meditaba.

– Pues lo haría muy a gusto, señor.

– También puedes trabajar con el veterinario recogiendo semen de los toros.

¿Cómo? ¿Masturbar a los toros? No lo podía creer.

– Sí, también lo haría. –lo dije como para que no me oyera.

– Mira muchacho, todavía le falta un poco para ser hombre. Cando tengas pelos en el ano, me vienes a ver. (Lo de pelos en el ano me lo dijo vulgarmente) Mientras tanto no quiero verte cerca de Estrella. ¿De acuerdo?

– Sí señor

Pasaron los años y había matriculado en la Universidad para estudiar Ingeniería Mecánica y un día, saliendo de la Universidad, un auto se detiene a mi lado y el copiloto baja el cristal tintado.

– ¿Tu eres Guillermo? ¿El que quería ser novio de mi hija?

– Si, Don Porfirio.

– ¿Ya te salieron los pelos?

– Sí, señor.

– Cuando lo desees puedes ir por la casa para que veas a Estrella, conocerás a su marido y sus cuatros hijos. Hasta luego. ¡Chófer, vamos! Diciendo esto último, subió el cristal de la puerta y el auto partió.

 

 

Pcfa

 

sábado, 18 de diciembre de 2021

Fantasma


 

                                              FANTASMA

 

 

La Terminal de Ómnibus donde trabajaba estaba situada al lado del cementerio de mi pueblo. Nos era fácil asistir al enterramiento de alguien pues solo teníamos que mirar por encima del muro que dividía a la terminal del cementerio. Me imagino que más de uno se cabreaba cuando su panegírico a un difunto era inaudible por el ruido de un motor en prueba o cundo algún mecánico le decía a otro “Acaba ya” refiriéndose a algún trabajo.

Podría poner muchos ejemplos de la relación del cementerio y la Terminal, pero hay algo que nunca se me ha olvidado.

Me tocaba trabajar, un domingo, en el turno de once de la noche a siete de la mañana. En aquel entonces, a las diez de la noche, no había nadie en la calle y tampoco, autos. Las oficinas no trabajaban y en el taller estaban los mecánicos imprescindible para el mantenimiento. A la hora de la merienda nos sentábamos dentro de un autobús y hacíamos cuentos y bromas. No sé por qué, casi siempre en el grupo hay alguien un poco distraído. Sí, son personas que no se puede decir que sean tontos ni mucho menos, pero son un poco lentos en entender las cosas y a veces, no entienden una broma y se asombra ante algún cuento. Ese día pues comenzamos a hablar de muertos. Que si a mi tía se le apareció un muerto en el cuarto, que si en casa de una vecina se escuchan voces, en fin, cuentos que le ponían a Teleforo los pelos de puntas. Teleforo era de esas personas que mencionaba anteriormente, o sea, muy tonto para analizar las conversaciones para saber si se trataba de una broma, una historia o algo real.

Pancho, uno del grupo salió sutilmente del ómnibus, sin que Teleforo se diera cuenta. El ómnibus estaba de frente a la pared del cementerio. De pronto Teleforo abrió los ojos y señalaba para el cementerio. Una figura fantasmagórica estaba encima del muro y haciendo un ruido como si se tratara de una ventolera.

Teleforo, temblaba como las hojas de los árboles azotadas por un fuerte vendaval y nosotros, imaginando de que se trataba de una broma de una broma de Pancho, pues ayudábamos a crear el ambiente terrorífico y hacer más efectivo los efectos especiales. Nos dio lástima como estaba aquel chico y temíamos que le pudiera producir algún problema cardiaco o neurótico y le dije: “Tranquilo, Tele. Ese es Pancho” En eso llegó Pancho diciendo que había estado mucho tiempo en el baño con dolor de barriga y Telo señalando de nuevo para el cementerio. El “fantasma” seguía ahí. Nos asustamos de verdad. El mal olor se propagó dentro del autobús sin poder identificar al causante, porque lo mismo podía ser Pancho que Teleforo. Me bajé del transporte y fui hasta el muro. Era una sábana que había quedado prendida de una rama de un árbol. Me subí para quitarla y calmar a los muchachos, cuando una voz me dijo: “Esa es mi sábana” Un señor, encima de una tumba había hablado. Le tiré la sábana y me bajé del muro. “Vamos chicos a trabajar”.

Al parecer era un señor que dormía en el cementerio. Nunca supe quién era y no lo vi nunca más. Ahora me pregunto, ¿Sería un hombre o un fantasma?

 

Pcfa