domingo, 15 de octubre de 2017

El Mando








                                                      El Mando

   Llevaba mucho tiempo con ellos y tenía vasta experiencia pero era vieja y nadie le daba importancia a sus consejos. Pero así y todo a sabiendas que no le daría importancia a su consejo, decidió decirle al Jefe lo que pensaba de la nueva ubicación del edificio.
- Jefe, construir ahí es una locura porque usted sabe...
- Cuando tenga que pedir una opinión se la pediré al Consejo.
   Estaba acostumbrado a eso y viró la espalda y siguió transportando mercancía.
   No llevaba la cuenta de cuantas veces había recorrido eses camino con su carga y tampoco llevaba la cuenta de las veces que se burlaban de ella. Pero no le importaba. Sabía que tenía que trabajar!
   Cuando estaba cerca del final del camino, soltó su mercancía y se quedó perpleja. Triste, muy triste, comentó:
- Dios mío! No quiso oírme. Ella también sabía que por ahí pasaba el elefante. Ha aplastado nuestro hormiguero.

 
Moraleja: No rechaces ninguna opinión porque puedes sufrir un sofocón.

domingo, 20 de agosto de 2017

Tu dolor es mi dolor











                                                                 Tu Dolor es mi Dolor
                                           La tristeza cubre el alma que se desgrana
                                                  Y contagia la mía que brilla apenas
                                                  Mis lágrimas ruedan y mojan las sábanas
                                                  Ya mojadas por lágrimas de azucenas.
                                                  El cielo se cubre de nubes amenazantes
                                                  No deja que el sol ilumine el camino
                                                  De nuestras vidas marcadas por el destino.
                                                  La tormenta se acerca a pasos de gigantes.
                                                  Con angustia y sin fuerzas nos enfrentamos
                                                  Al reto que este dolor nos hace sufrir
                                                  Hay quien se rinde y no quiere vivir
                                                  Esperaremos el final tomados de las manos.
                                                  Te abrazo, te consuelo, te beso
                                                  Te sonrío  aunque no tenga ganas
                                                  Y te contemplo cada mañana
                                                  Como si viera a todo el Universo .

 

                                                                 Pedro Celestino Fernandez Arregui

sábado, 19 de agosto de 2017

El Potro









                                                     El Potro
                               (Cuento de un abuelo a su nieta)

   Joaquín Iznaga se dedicaba a criar caballos que luego vendía a los vaqueros de varias provincias.
  Una de sus yeguas reproductoras había parido antes de tiempo y eso, con la ayuda de un veterinario. El Potro, quizás por el tiempo o por el método  usado por el veterinario o por cosas que suceden, era el Potro más feo y mal formado de toda la comarca.
  Al parecer por su aspecto o quien sabe porqué su madre lo rechazaba y no lo dejaba mamar e incluso lo empujaba y lo pateaba. Si triste era la conducta de su madre. También era el comportamiento de los demás caballos que también lo rechazaban. Esa situación hizo que el señor Iznaga decidiera expulsarlo de sus corrales.

 El pequeño Potro se vio de pronto sólo ante la llegada de un  invierno que comenzó nevando constantemente. Por mucho que buscaba no encontraba un poco de hierba para mitigar el hambre que le acompañaba en su vagar por aquellas tierras vestidas de blanco. Llego el momento en que el pequeño animal no pudo más  y se dejó caer junto a un viejo tronco de un árbol caído. La humedad y la falta de alimento ocasionço que le invadiera la fiebre. Debido a  su estado febril y el frío no dejaba de temblar ni un momento.

 José Martínez buscaba una oveja que se le había perdido cuando vio algo que se movía a pocos pasos de donde se encontraba. En un principio pensó podía ser su oveja pero se dio cuenta que era muy grande para que fuera ella. Se acercó  y vio que se trataba de un pequeño potro enfermo. Con mucho trabajo logró  que se levantara y con la corteza del viejo tronco y la cuerda que llevaba para la oveja confeccionó un pequeño trineo en el que pudo,  haciendo un gran esfuerzo, llevar el animal hasta su casa que no quedaba muy lejos. Lo acomodó en la nave donde guardaba las ovejas y lo cubrió con una frazada y pedazos de lona y plásticos. Le fue dando agua templada y estuvo toda la noche junto a él.  Por la mañana fue a buscar un poco de pienso y grande fue su sorpresa al verlo incorporado. Le abrazó  el cuello y le decía cosas bonitas.

El tiempo pasó  y gracias a los cuidados de José, el potro creció y se convirtió en un hermoso caballo que causaba la admiración de todos los vecinos.

 Un día  José  cabalgaba con Valiente,  nombre que le había puesto al caballo, cuando repentinamente se desató  una tormenta con mucho viento, agua y relámpagos.  Apuró el paso del animal para llegar pronto a casa cuando un rayo cayó, muy cerca, sobre un árbol.  Valiente temia a los truenos y aquella descarga eléctrica le hizo pararse en dos patas y derribar a José al mismo tiempo que el árbol alcanzado por el rayo caía sobre él. Por suerte las ramas ayudaron para que no sufriera daños graves pero lo había inmovilizado. El agua caída había comenzado a subir el nivel del agua del río cercano y amenazaba con llegar hasta José y ahogarlo.
  Tenía toda la esperanza perdida y solo le restaba rezar por su vida cuando sintió que el tronco se movía hasta dejar libre su cuerpo y luego con una sonrisa observó como Valiente lo cogía por el cuello de su camisa, con los dientes, y lo arrastraba hasta dejarlo en una pequeña elevación donde el agua no llegaría. Se incorporó lentamente y sosteniéndose de la crin, lo abrazó y lo besó.

  Dicen la gente que nunca habían visto un caballo y un jinete que se quisieran tanto y así estuvieron muchos años felices.

 



miércoles, 26 de julio de 2017

El Payaso



                                                                      EL PAYASO


     Alfonso casa día estaba más triste. No era para menos! Su hija, madre soltera estaba sin trabajo, su esposa enferma y el estaba jubilado. Se sentaba frente al televisor para que no se dieran cuenta que estaba pensando cuánto tiempo podría mantener a su hija y su nieta, comprar medicinas, alimentos y sobre todo pagar la hipoteca. Sus ahorros estaban llegando a su fin y con la pensión y con algún trabajo extra, no podría cubrir los gastos. Su aliciente era su pequeña nieta. Siempre alegre, andaba por la casa como esas mariposas que revolotean en el jardín.

Susana se reía de las gracias de aquel payaso. Todas las tardes le pedía a su madre que la llevará a la plaza para disfrutar de la actuación de aquel personaje de nariz redonda y roja de sus zapatos inmensos. A la madre le encantaba ver a su hija feliz. Era de los pocos momentos que ella se olvidaba de las penurias.

Alfonso “ miraba “ un programa en la televisión mientras su mente estaba en el próximo día.   Susana estaba cansada de jugar con sus muñecas y le dijo a su mamá que iba a dormir pero antes de ir a la cama pasaría, como todas las noches a despedirse del abuelo y darle un beso. Abuelo me voy a dormir. Abuelo por que siempre estás  Triste?  Hoy me he reído mucho con el payaso. Abuelo ven con nosotros un día para verte reír a carcajadas.  Alfonso sonrió, le dio un beso y le dijo : No estoy triste es mi forma de ser. Y fabrico una sonrisa. Susana le devolvió  el beso y le dijo: Hasta mañana!

Cuando todos dormían, apagó  el televisor y se dirigió  al garaje. Abrió el maletero del coche. Tomó en sus manos los zapatones grandes que tanto le molestaban, Los acarició y los acomodó  junto al traje amarillo de bolas en colores, la nariz redonda y roja y el pequeño estuche de maquillaje mientras una lágrima rodaba, despacio por sus mejillas

miércoles, 5 de julio de 2017

La Decisión


                                                   
 
                                
 
                                                         La Decisión

     Cada persona tiene su historia pero sus historias solo trascienden si alguien las divulgas. Los demás pasan inadvertidos y se pierden en la oscuridad de las memorias. Es el caso de Modesto, un campesino que no sabía leer y escribir, cuya historia engrosa la lista de historias invisibles.
    Cierta noche regresaba a su casa después de haber ido al pueblo para comprar víveres, sobre todo harina y galletas. El bodeguero le había regalado un billete de lotería y estaba contento. No por el billete porque nunca jugaba ni se sacaba nada, sino por el gesto del dependiente. Hacía un año que no compraba prendas de vestir. No recordaba la fecha que compró su par de zapato de “salir” y el de trabajar llevaba la suela atada con arique. El camino no podía ser más tétrico y misterioso. Era como andar por un túnel estrecho de árboles que no dejaba que la luna iluminara la senda. Los cantos de las lechuzas y el croar de las ranas constituían el fondo musical de aquel lugar. A la media hora de andar, a pocos pasos delante, brotó del suelo una luz brillante que lo cegaba por lo que tuvo que ponerse la mano delante de los ojos. Cuando la luz dejó de ser intensa y pudo retirar su mano, vio una luz en forma de mujer. Quedó paralizado y mudo cuando la imagen le dijo: “Me han enviado para que te diga que podemos darte todos los poderes que quieras. Podrás obtener riquezas, bienestar y salud a cambio debes realizar una tarea.” Al fin pudo hablar cuando la figura le repitió lo mismo. ¿Y qué debo hacer? - preguntó.
“Los pájaros son un estorbo para ustedes y nosotros. ¡Hay que eliminarlos! Te dejaré aquí en el suelo un frasco que al abrirlo se esparcirá en la atmósfera y todos morirán”. Se quitó el sombrero, se rascó la cabeza y preguntó: ¿No hay más frascos? Ante la respuesta negativa de la “luz” preguntó: ¿Puedo pensarlo? Mientras la luz se iba apagando le dijo: “Tienes hasta mañana al amanecer”

   No podía dormir. En su mente veía a los pájaros cantando, volando, cuidando a sus pichones y llenando de colores los árboles. ¿Para que quería poderes? ¡Era feliz como estaba! No podía hacer algo tan terrible. Tampoco podía tirar el frasco porque corrían peligro las aves. ¿Qué hacer?

  Cerca de la casa había un pozo muy profundo. Era el único pozo de la zona a donde todos los vecinos de los alrededores se abastecían de agua. Se dirigió al pozo y tiró el frasco en su interior. Toda la noche estuvo tirando todo lo que tenía en su choza y todas las piedras que se encontró por los alrededores hasta casi tapiar el pozo.

  Los vecinos lo encontraron durmiendo en el suelo de lo que fue su casa y una mezcla de pena y rabia se apoderó de ellos al ver lo que había hecho. Lo despertaron y hasta lo golpearon para que se fuera de aquel lugar.

  Dormía en los portales del pueblo hasta que un día el bodeguero lo buscó para decirle que su décimo había sido premiado y hasta lo ayudó a cobrarlo.

   Modesto tomó casi todo el dinero y mandó a  perforar pozos y construir un sistema de riego y pequeño acueducto para los residentes de la zona. Con el dinero que le quedó construyó una pequeña casa, similar a la que tenía anteriormente, en las afueras del pueblo.

  Le pusieron, como sobre nombre. Modesto el Loco del Pozo. Pero dicen que en su rostro se veía la felicidad. En su casa y su alrededor siempre estaba llena de pájaros que cantaban, comían de su plato, y hasta se posaban en sus hombros.

 

                                                     

Pedro Celestino Fernández Arregui

 

   

lunes, 12 de junio de 2017

Extraño Viaje




                                                     Extraño Viaje

 

 Hacía mucho tiempo que no salía de casa pero hoy era domingo y quería visitar a su hija y sus nietos que hacía tiempo no los veía. Para ello necesitaba tomar el tren de cercanía. Entró en la Estación y fue directo al  andén y casi de inmediato llegó el tren, silencioso, y sin que resoplara humos como los antiguos trenes.

 Se sentó en un asiento con espaldar hacia las ventanas. Le gustaba sentarse en ellos porque el paisaje de la ciudad le decía menos que los rostros de los pasajeros. Enfrente y un poco a la izquierda una joven le mostraba a un niño un libro de cuentos. ¡Tenía que ser oficinnista! La forma de tomar el libro en las manos, la postura en el asiento…sí, seguro era oficinista. Justamente enfrente, un señor con un sombrero pasado de moda, unas gafas de cristal grueso, un traje impecable, parecía absorto en algo invisible. El señor tenía que trabajar en una tienda de antigüedades, no cabía dudas. A su derecha una pareja de enamorados se besaban apasionadamente. Ese era el primer novio de la chica porque se ponía roja y miraba alrededor tímidamente. El chico muy vestido a lo moderno y con varios tatuajes trataba de ir mas allá de lo que la chica le permitía sin reparar el lugar donde estaba.

  El tren se detuvo y Zamora se vio nuevamente en el andén vacío como el otro. Un empleado se empeñaba en convertir en espejo el brillante suelo. Le preguntó: “¿Señor, porque hay tan pocos viajeros hoy?” El hombre lo miró con rostro sorprendido y le contestó: “Caballero, hace dos días que los ferroviarios están en huelga. No pasa ni pasará ningún tren hasta que la huelga termine”

-¿Señora, este señor vive aquí? – preguntó un policía acompañado de Zamora.

- ¿Papá, dónde estabas metido? Te estamos buscando hace mas de dos horas.

domingo, 14 de mayo de 2017

Por Leer

 

                                           Por Leer



     Manolito, apenas aprendió a leer, comenzó a disfrutar de la lectura de cuanto libro se encontraba en su camino. No quiere decir que era un niño con manía de leer porque era como otro niño cualquiera. Jugaba, reía y disfrutaba estar con amigos y compartir pero su pasión eran los libros.
Hubiera sido un niño feliz a no ser que nació en un lugar equivocado, en un momento oscuro del país en que vivía. Una dictadura que mantenía una férrea censura contra todo aquello que considerara no grato para el Gobierno.
      Un día, al salir del colegio, se acercó a un hombre que vendía helados en un carrito. Le pidió un cucurucho de chocolate, su sabor preferido. Se sentó en un banco del parque a disfrutar del helado y con la vista leer todos los letreros publicitarios que presentaban las tiendas y otros locales. Tal era su entretenimiento que no se había percatado que se había manchado de helado la camisa del uniforme. Se dirigió a un bar para tratar de limpiar su camisa en el baño. Trataba de quitar la mancha con agua cuando un joven entró en el baño hizo su necesidad y le dijo: “ Ahí te dejo este folio para que se lo lleves a tu familia” y depositó la hoja encima de una pequeña mesa. Manolito no dudó en tomar la hoja y salió leyendo del baño en el preciso momento que entraban dos policías. Él, ajeno a la situación política que vivía el País, no le prestó atención a los uniformados hasta que uno de ellos, le dijo: “ ¡Eh, niño! Deja ver eso que lees” El guardia tomó la nota y exclamó: ¡Ah , un opositor! Ven acá y tomándolo por el brazo lo llevó hasta el coche policíaco que se encontraba estacionado frente al local.
El niño no salía de su asombro. ¿Qué sucedía? ¿Qué había hecho? ¿ Por qué lo introdujeron en el auto policíaco? Estas y otras preguntas se hacía.
¿ De donde sacaste esto? Le preguntó un oficial mostrando el papel. Un papel que solamente pudo leer la primera línea que decía: TODOS MAÑANA A LA HUELGA
   Manifestó que se lo había dado un hombre en el baño pero aquel uniformado le contestó: “No sabes lo que esto te va a costar.”

    Los padres de Manolito acudieron a la Comisaría para denunciar la desaparición de su hijo, colgaron fotos por todas partes en el pueblo, pagaron anuncios en los periódicos, contrataron detectives y siguieron luchando por encontrar a su hijo hasta que murieron.

   ¡Hay quienes utilizan todos los medios que sean necesarios para acallar la voz de los que piensan diferente!