La Decisión
Cada persona tiene
su historia pero sus historias solo trascienden si alguien las divulgas. Los
demás pasan inadvertidos y se pierden en la oscuridad de las memorias. Es el caso de
Modesto, un campesino que no sabía leer y escribir, cuya historia engrosa la
lista de historias invisibles.
Cierta noche
regresaba a su casa después de haber ido al pueblo para comprar víveres, sobre
todo harina y galletas. El bodeguero le había regalado un billete de lotería y
estaba contento. No por el billete porque nunca jugaba ni se sacaba nada, sino
por el gesto del dependiente. Hacía un año que no compraba prendas de vestir.
No recordaba la fecha que compró su par de zapato de “salir” y el de trabajar
llevaba la suela atada con arique. El camino no podía ser más tétrico y
misterioso. Era como andar por un túnel estrecho de árboles que no dejaba que
la luna iluminara la senda. Los cantos de las lechuzas y el croar de las ranas
constituían el fondo musical de aquel lugar. A la media hora de andar, a pocos
pasos delante, brotó del suelo una luz brillante que lo cegaba por lo que tuvo
que ponerse la mano delante de los ojos. Cuando la luz dejó de ser intensa y
pudo retirar su mano, vio una luz en forma de mujer. Quedó paralizado y mudo
cuando la imagen le dijo: “Me han enviado para que te diga que podemos darte
todos los poderes que quieras. Podrás obtener riquezas, bienestar y salud a
cambio debes realizar una tarea.”
Al fin pudo hablar
cuando la figura le repitió lo mismo. ¿Y qué debo hacer? - preguntó.
“Los pájaros son un
estorbo para ustedes y nosotros. ¡Hay que eliminarlos! Te dejaré aquí en el
suelo un frasco que al abrirlo se esparcirá en la atmósfera y todos morirán”.
Se quitó el sombrero, se rascó la cabeza y preguntó: ¿No hay más frascos? Ante
la respuesta negativa de la “luz” preguntó: ¿Puedo pensarlo? Mientras la luz se
iba apagando le dijo: “Tienes hasta mañana al amanecer”
No podía dormir. En
su mente veía a los pájaros cantando, volando, cuidando a sus pichones y
llenando de colores los árboles. ¿Para que quería poderes? ¡Era feliz como
estaba! No podía hacer algo
tan terrible. Tampoco podía tirar el frasco porque corrían peligro las aves.
¿Qué hacer?
Cerca de la casa
había un pozo muy profundo. Era el único pozo de la zona a donde todos los
vecinos de los alrededores se abastecían de agua. Se dirigió al pozo y tiró el
frasco en su interior. Toda la noche estuvo tirando todo lo que tenía en su
choza y todas las piedras que se encontró por los alrededores hasta casi tapiar
el pozo.
Los vecinos lo
encontraron durmiendo en el suelo de lo que fue su casa y una mezcla de pena y
rabia se apoderó de ellos al ver lo que había hecho. Lo despertaron y hasta lo
golpearon para que se fuera de aquel lugar.
Dormía en los
portales del pueblo hasta que un día el bodeguero lo buscó para decirle que su
décimo había sido premiado y hasta lo ayudó a cobrarlo.
Modesto tomó casi
todo el dinero y mandó a perforar pozos
y construir un sistema de riego y pequeño acueducto para los residentes de la
zona. Con el dinero que le quedó construyó una pequeña casa, similar a la que
tenía anteriormente, en las afueras del pueblo.
Le pusieron, como
sobre nombre. Modesto el Loco del Pozo. Pero dicen que en su rostro se veía la
felicidad. En su casa y su alrededor siempre estaba llena de pájaros que
cantaban, comían de su plato, y hasta se posaban en sus hombros.
Pedro Celestino Fernández Arregui