domingo, 21 de enero de 2024

            


                         


               

                    LA LEYENDA DE CAYO LARGO DEL SUR

                                         (Cuento de ficción)

                   

La leyenda comienza  a divulgarse en abril de 1750. Se dice que un barco pirata ancló junto a este islote porque una densa niebla cubría todo. Por la mañana la niebla se había disipado. Un barco español que patrullaba las costas cubanas, divisaron el barco pirata. Dispararon tres veces con un cañón y al no recibir respuestas, abordaron el navío. Se quedaron horrorizados cuando vieron que todos los tripulantes estaban muertos con raras muecas de terror y sin herida alguna. Los médicos de la época no pudieron determinar la causa de las muertes.

En abril de 1850 una fragata española decide abastecerse de agua en la pequeña isla. Por la noche una niebla muy densa se apodera del barco. Unos pescadores llegan al barco y se quedaron estupefactos al ver a todos muerto y lo más extraño, le faltaban los ojos.

A finales de 1940 un empresario estadounidense construye un pequeño hotel en el lugar. En Abril de 1950 la niebla cubrió todo el cayo. Huéspedes y trabajadores desaparecieron.

En la década de 1960 un grupo de jóvenes fueron enviados al cayo para limpiarlo de malezas y ruinas. Comenzaron a construirse nuevos hoteles.

Algunos trabajadores que conocen la leyenda aseguran que se marcharán a trabajar a otra parte antes del mes de abril de 2050.

 

Pcfa

viernes, 6 de octubre de 2023

Una Historia de Penas y Amor


 

                               UNA HISTORIA DE PENAS Y AMOR

 La celda es sofocante y sentado en el suelo, recostado a la pared, mi mente vuela a mi tierra natal, tan fría y tan verde, tan marinera y tan cordial. Las vicisitudes de un polizón, la ignorancia de una tierra desconocida de las que mucho hablaban y pocos conocían. El sol tratando de pintar mi piel blanca, muy blanca, las manos heridas de miles trabajos.

Apenas había llegado con un sexto grado y un día leí un escrito de José Martí que decía: “Ser culto para ser libre” y fue entonces que decidí, no ser muy culto, pero sí lo suficientemente libre. Comencé a estudiar en mis pocos momentos libres, física y matemáticas. Dos asignaturas que me abrieron las puertas para salir adelante. No llegué a ser un universitario. No lo necesitaba. Necesitaba abrirme camino en un país que iba conociendo y reconocía mis esfuerzos por integrarme a su sociedad.

Llegó el momento en que aquel muchacho de catorce años, llegado desde España, se había convertido en un hombre capaz de salir adelante.

Mientras trabajaba en el puesto de fogonero en una fábrica, pensaba en convertirme en un hombre independiente, un autónomo. Resolvía todos los problemas que se producían en aquella fábrica de preparación y envase de langosta y bonito, desde la solución a las roturas de las máquinas hasta las neveras. De  ese modo era bien remunerado y considerado por los dueños.

Poco tiempo después, ya casado, compré un chasis de un camión que un amigo lo llevó hasta un solar vacío. Salía del trabajo e íbamos, mi esposa y yo, a limpiar, engrasar y pintar aquel chasis, alumbrados con faroles hasta altas horas de la noche. Pasaron varios meses y había nacido, de aquellos hierros herrumbrosos, un hermoso camión.

Dejé de trabajar en la fábrica y logré que me contrataran para trasladar cajas de frutas desde una nave donde la envasaban hasta la terminal marítima. Además de eso, cuando no había frutas me dedicaba a reparar las esteras y otras máquinas de dicha nave. Por supuesto que esto generó confianza y apoyo por parte del dueño.

Un día le manifesté al dueño del Packin House, como le llaman todos a esa nave, mi intención de hacer obras por mi cuenta. No solo aceptó, sino también me ayudó en créditos y materiales.

Fue así, como comencé mi etapa de constructor. Primero, recomendado por dicho dueño y después, por los éxitos obtenidos en mi trabajo.

Tenía una brigada de cuatro o cinco hombres y comencé a comprar equipos de construcción como, grúa, hormigoneras, tractor, elevadores y un camión nuevo. Hice una casa para mí con la idea de seguir agregando plantas y convertirlo en un motel.

De pronto todo se derrumbó. Varios de los amigos que me habían ayudado a levantarme, pertenecían a una Organización que luchaba por derribar al Gobierno. Desconocía eso, pero alguien me acusó de pertenecer a ese grupo y fui condenado a veinticinco años de prisión.

Sufrí humillaciones y maltratos, enfermedades y depresión. Confiscaron todo lo que tenía, menos la casa donde vivía mi mujer e hija. Todas las noches sentía los disparos que acababan con la vida de alguien. Los fusilamientos destruían los nervios de cualquiera. Quizás sufriendo por los que fusilaban o por temor a ser tú el próximo. Pensé que mi vida terminaría en esas mazmorras de una fortificación del siglo XVI.

Me llevan a una oficina. Luego de varios minutos, se presenta un oficial donde me notifica que seré trasladado a una granja penitenciaria. Reprimí mi alegría por saber que voy a salir de esta horrenda prisión.

Por primera vez en cuatro años he podido mirarme a un espejo. No me reconozco. Mis ojos están botados, mis mejillas están hundidas y la boca sin dientes. Mis nervios están destrozados. Mis manos tiemblan. Yo que nunca en mi vida he llorado, ahora lloro.

Estoy contento porque por primera vez en cuatro años podré acariciar las manos de mi mujer y besar a mi hija. En la otra prisión las había visto, pero por una ventana con rejas que apenas le podía divisar el rostro y ellas, menos a mí, por la oscuridad reinante.

¡Al fin han llegado! Las abrazo y lloramos los tres. ¡Tres corazones juntos! Es ahora cuando entiendo mejor que nunca la importancia de amar a los seres que nos rodean y nos aman. ¡Cómo debe haber sufrido mi hija! Con once años ver como se llevaban a su padre detenido y todo lo que tenía en el patio, incluso su bicicleta. Considero y admiro a esos hombres y mujeres que dedican su vida a luchar por la libertad, sacrificando el amor a la familia.

Ha pasado casi un año. Me he recuperado algo, aunque la delgadez no es tan extrema, todavía no alcanzo mi peso. Añoro las visitas y las espero como el niño que espera un caramelo. Me traen golosinas, me informan de todo lo relacionado con las amistades y familia, pero lo importante son los besos y abrazos que nos damos. Luego, me siento en la cama, oculto mi rostro entre las piernas y lloro.

Hoy me liberan. No sé si mi ciudadanía, a la que nunca he renunciado, ha tenido algo que ver o quizás, como me habían prometido, en la revisión de mi causa pudieron constatar mi inocencia. He cumplido cinco años de privación de libertad, veinte menos de lo previsto.

Llego a la casa. He venido acompañado por un militar. Las reglas son claras. Prisión domiciliaria por un año. Puedo ir del trabajo a la casa.

La emoción es indescriptible. Recorro la casa, ahora casi vacía porque mi esposa ha tenido que vender muchas cosas para sobrevivir. Todo lo veo tan distinto. Los árboles tienen las hojas mas verdes y las flores del jardín las veo hermosas. Salto al escuchar algún ruido y observo las puertas cada cinco minutos, pensando que viene un guardia a regresarme a prisión. Nunca en mi vida he acariciado y besado tanto a mi hija. Reconozco que aunque la complacía en casi todo, no le había dado el cariño que necesitaba.

Estoy trabajando en un taller recuperando piezas. Estoy contento y soy considerado por mi labor. Muchas veces me voy a pescar truchas e imparto clases de mecánicas a algunos jóvenes. La vida me ha cambiado. No puedo decir si me ha cambiado para mal o para bien, pero me ha cambiado. He podido constatar lo que es la felicidad. No es feliz aquel que mas logros y comodidad tiene sino, aquel sabe apreciar la importancia del amor.

Pcfa

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Willy y el Canguro


 

                               WILLY Y EL CANGURO

—John, por favor, despierta al niño mientras preparo el desayuno.

—Despiertaaa. Vamos Willy que hay que ir para la escuela—dijo con voz suave y dulce.

—Papá, anoche volví a soñar con el canguro.

—¿Y qué sueñas?

—Pues conversa conmigo. Me dice que su país es lindo y que quisiera llevarme un día para conocerlo y para que vea como vive su familia.

     —Muy interesante. Cuando vengas de la escuela me sigues contando las conversaciones con él. ¿De acuerdo?

     Por la noche al acostarse volvieron a conversar sobre el canguro.

     A la mañana siguiente, John fue a levantar al niño y vio con sorpresa que no estaba en su habitación. Buscaron por toda la casa y el niño no estaba. Llamaron a la policía, vinieron y llevaron a efecto el protocolo establecido para estos casos.

     Los días pasaban y no había noticias de Willy. Los padres desesperados pusieron fotos por todas partes, llamaron a los medios de difusión e incluso acudieron a ONG, Organizaciones Internacionales y asociaciones de familias con hijos desaparecidos. La tristeza y el dolor se había apoderado de los padres al ver que pasaban los meses y no había noticias de su hijo.

 

Un día unos científicos que estudiaban la vida de los canguros quedaron sorprendidos cuando vieron a un niño en la bolsa de un canguro. Se pusieron en contacto con las autoridades de la Reserva y lograron con una malla y luego con un dardo rescatar al niño.  Las autoridades pudieron percatarse que el niño era Willy McKane, el niño desaparecido en Inglaterra.

Cuando los padres se encontraron con su hijo le preguntaron cómo había llegado allí, encogiéndose de hombros, respondió: NO SÉ.

 

Pcfa

Imagen de Siggy Nowak en Pixabay

MIki y Maki


 

                                       MIKI Y MAKI

Miki y Maki eran dos ratoncitos gemelos que vivían en una localidad del sur de Francia. Se distinguían por ser muy imaginativos como suelen ser todos los pequeños pero, además, les gustaba conocer, aprender y eso es una cualidad muy buena. José Martí, el Apóstol cubano, decía “El niño ha de trabajar, de andar, de estudiar, de ser fuerte, de ser hermoso: el niño puede hacerse hermoso aunque sea feo; un niño bueno, inteligente y aseado es siempre hermoso.”

Un día se les ocurrió una idea.

—Maki vamos a explora el Mundo.

—Je je. ¿Andando? ¿Con nuestras paticas cortas? Tendríamos que buscar algo menos fatigoso.

—¡Esa es la idea! Lo tengo todo en mi cabeza. Vas a ir a la cocina a recoger queso, cuatro rodajas de cebolla y los palillos largos que los humanos lo utilizan para eso que llaman PINCHOS. Yo iré al huerto.

—¡Yupi! Mi hermano será un Einsten ratonil.

Miki se apareció con dos grandes hojas de maíz. Una de ellas, al tener forma de canoa, era la base principal a la que le agregaron las cuatro rodajas de cebollas, dos delante y dos detrás unida por los palillos, o sea, como si fuera un automóvil. Con la otra hoja y los palillos restantes armaron una vela.

—¡Mamá, nos vamos de viaje! Dijeron emocionados al instante los dos hermanos.

—Hijos ¿Ustedes saben lo que hacen? ¿Los peligros que hay afuera? ¿Los gatos callejeros que son los muy peligrosos porque tienen mucha hambre?

—Madre, tu hijos son valientes y decididos. Ya te contaremos cuando regresemos.

Salieron en su curioso y rústico móvil impulsados por el viento mientras la madre, como todas las madres, quedaba angustiada.

—Mira hermano que lindas flores—decía Miki.

—Ese arroyo con agua transparente que preciosidad—decía Maki.

Así disfrutando de las cosas bellas de la Naturaleza andaban sin darse cuenta que la noche les caía encima, De pronto ante ellos apareció un enorme gato y de un zarpazo le rompió la vela. Temblaban de miedo. Se abrazaron llorando y recordando las advertencias de su madre. No volverían a ver a sus padres, a sus amiguitos ni a su confortable madriguera. Esperaban de un momento a otro ser la cena de aquel horrible felino. Pasaron unos minutos angustiosos y no pasaba nada. Entonces, abrieron los ojos, muy despacio, y ante ellos estaba el gato pero con una de sus patas delanteras empujó hacia ellos un auto de juguetes que funcionaba con pilas. Sorprendidos y locos de alegría se abalanzaron sobre el gato y lo besaron cerca de su bigote. Rápidamente se pusieron en marcha hacia su casa. No importaba que les cogiera la noche porque el nuevo auto tenía luces.

Aquella noche nadie durmió y los demás no creían la historia contada por Miki y Maki. Siempre debemos pensar que en la vida hay buenos y malos y que no todos son malos ni todos son buenos.

 

 

 

 

                 

                EL HIJO AUSENTE

Todos hablan del que se fue. Nadie piensa en el que queda,

Las lágrimas del que se va caen en cualquier lugar,

pero la angustia de ver a su hijo marchar

rompe el corazón de la madre en pena.

Todos dicen que está loca aquella mujer

que se acerca a la playa descalza y mal peinada,

sin saber que en su pecho abriga la esperanza

de ver regresar a su hijo en una lancha

y fuerte, muy fuerte abrazarla.

Dicen que está loca aquella pobre mujer

Porque lleva rasgada su vestidura

Porque su rostro es una máscara dura

Y su mirada sin brillo parece no ver.

¡Cuántas madres en el Mundo sufren esa separación!

¡Cuántas se han trastornado y se han consumido

esperando el regreso del hijo que un día partió!

¡Cuántas han ido a la tumba con sus ojos secos

de tanto llorar y de tanto escudriñar

el horizonte donde se saludan el cielo y el mar!

 

Pcfa

Foto: Pcfa

Imagen: La Madre del Emigrante, Gijón, Asturias.



sábado, 12 de noviembre de 2022

La Pobreza de un Niño

 





La Pobreza de un Niño

 Todas las tardes se sentaba un niño en el viejo espigón de aquel pueblo olvidado. Su pantalón corto, desteñido y roto hacía una combinación perfecta con sus pies descalzos. En aquella costa donde abundaba más los vertidos contaminantes que los peces, era casi imposible capturar algo de alimento y muy fácil capturar envases plásticos y pedazos de red. Oscureciendo, regresaba a su deplorable cabaña con su morral vacío, como su estómago y como su vida. Su madre yacía en una rústica cama muy enferma. ¡Era lo único que tenía! Apenas oscurecía, caminaba unos dos kilómetros hasta llegar a una plantación de tubérculos y recogía unos cuantos para hacer un puré para ambos.

Una noche, con una hermosa Luna llena, fue sorprendido por el dueño de la tierra. No le dio tiempo a correr. Una mano lo cogió fuertemente por uno de sus bracitos delgados.

– Así que tú eres el que me roba las papas. ¿Sabes que te puedo denunciar a la policía?

– ¿Sabe usted lo que es el hambre? –le dijo el niño llorando.

– A ver. ¡Cuéntame tu historia muchacho! –le dijo soltando su brazo

– Cuando nací, mis abuelos no existían. Mi padre era pescador y salía a pescar muy lejos de la costa. Los pescados se los vendía a un señor del pueblo que le pagaba una miseria, pero lo suficiente para comer. Un día se formó de repente una horrible tormenta y más nunca supimos de él. Mi madre iba hasta el pueblo conmigo a limpiar casas, patios, hacerle compra a algunas señoras y teníamos para comer. Tenía cuatro años. Hace un año se enfermó de los pulmones y no ha podido seguir trabajando.

Mientras el señor escuchaba al niño, por su mente corría su niñez cuando se quedó solo en el Mundo con apenas nueve años. Tuvo que hacer de todo y pasó hambre y frío hasta que un buen señor se apiadó de él y lo tenía como un hijo.

– ¡Escucha! Coge todo lo que necesites. Dime dónde vives y enviaré a un médico para que vea a tu madre. Mi casa es la que queda a la salida del pueblo. Está apartada. Es la única casa blanca que está en la colina. Cuando quieras, llégate y te daré alimentos.

El niño salió corriendo para su casa.

– Mamá, ha sido un milagro. Me encontré con un señor que nos va a ayudar y nos enviará un médico para que te vea. ¡Vamos a estar bien, mamá!

No recibió respuesta y se acercó a la cama. Pudo percatarse de que su madre no necesitaba alimentos ni comida. Estuvo toda la noche llorando al lado del cuerpo inerte. Por la mañana cuando llegó el doctor, solo pudo extender el Certificado de Defunción.

El dueño de la finca lo mantuvo y le dio estudio hasta que se graduó de médico.

 

Pcfa

domingo, 22 de mayo de 2022

Kamba y Motembo


 

 

                          Kamba y Motembo

 

En muchos ritos funerarios existe una supuesta conexión con el “mas allá” o al menos es lo que dicen algunas personas. Diversos países manifiestan la despedida de sus seres queridos según su religión o costumbres.

Estando en Angola (en 1975) pude observar dos ritos funerarios. Uno en lumbala n'guimb y el otro, en las cercanía de Kibala. Para los angoleños es de suma importancia los funerales, ya que, por sus creencias, si a un difunto no le realizan una ceremonia adecuada su alma no tendrá paz y perseguirá a sus familiares. Lo que sí están de acuerdo la mayoría de las tribus africanas, es en la existencia de todo ser vivo como parte de la cadena nacer, vivir, morir.

Kamba era una niña hermosa. Sus delgadas piernas sostenían un pequeño cuerpo de unos siete años y como todos los niños de las aldeas remotas de los países africanos, se divierten con cualquier cosa, pero también son muchos los peligros que los acechan.

Era difícil apreciar si la niña tenía la piel negra, pues el polvo blanco se le impregnaba en su delgado cuerpo como si se tratara de retazos de otra piel.

En ocasiones los niños se alejaban bastante de la aldea en busca de insectos, frutas silvestres o lagartos para comer, suponiendo un peligro porque en esa zona abundan los animales salvajes como leones, leopardos, serpientes, cocodrilos y otros. No obstante eso, según niños y adultos,  no representaba una amenaza seria. ¡Los Dioses  los protegían!

Un día, Kamba salió con otros niños a buscar insectos. Los saltamontes, grillos y termitas era muy apreciado para comer con el “funche” (pasta echa de mandioca previamente puesta a pudrir junto a los arroyos). Habían capturado suficientes insecto y encerrados en una calabaza preparada para ese fin, pero al regresar divisaron un Maboque (Strychnos spinosa) que brinda una deliciosa fruta agridulce, escasa en esa región. Un niño subió al árbol mientras los demás esperaban abajo. Una de las frutas lanzada por el niño no atinaron a cogerla y rodó hacia unos arbustos. Kamba corrió a buscarla cuando sintió una punzada en su pierna. Se percató de que había sido mordida por una Cobra. Ella había llegado hasta la serpiente corriendo lo que no dio tiempo a que la Cobra avisara, amenazando con su cabeza en alto y aplanada o escapara como hacen casi siempre.

Cuando llegaron a la aldea, Kamba estaba sufriendo los efectos del veneno inyectado por el reptil. Por desgracia no había antídotos y falleció una hora después.

El cuerpo fue depositado en el suelo del centro de una cabaña. Mientras el sacerdote rezaba junto a su cuerpo sin vida, afuera un aldeano tocaba el tambor y luego era sustituido por otro. Durante tres días no cesó el toque del tambor ni los rezos del sacerdote. Al cuarto día, el pequeño cuerpo de la niña fue llevado hasta el lugar escogido para el descanso eterno de los habitantes de la aldea quienes entonaban un canto lúgubre.

Kamba marchó ese día junto a Motembo hacia un lugar donde los vivos no pueden ir.

Motembo era cazador desde muy joven. Nadie podía decir su edad y es que en los países del Tercer Mundo, no existe la edad como no existe el mañana. Desde niño fue enseñado a cazar, como era natural en su aldea. Las mujeres hacían la labor agrícola y cuidado de los niños.

Aunque la cacería la realizaba e grupo, en ocasiones se cazaba e solitario, porque el cazador lleva en su sangre el instinto animal de capturar a su presa de una forma u otra.

Una mañana quiso explorar nuevos territorios, como siempre lo hacía, armado de su lanza y flechas. Se alejó bastante de su aldea, observando la ausencia de animales lo cual era natural pues se había encontrado con algunas personas que le habían advertido sobre un león que había matado algunas ovejas. Esa noticia no le asustaba, pues confiaba plenamente en su habilidad como cazador. Había desarrollado además, de manera extraordinaria, el sentido del oído y el olfato, así como su excelente puntería con ambas armas. Además, siempre le acompañaba sus amuletos, uno para la buena caza y otro para su integridad física. Su abuelo le hablaba, al igual que había escuchado el padre de Kamba, de la importancia de rendir respeto por el Dios Amma el Supremo al que le debían la creación de la Tierra.

Estaba extenuado de tanto caminar y se sentó junto a un imbondeiro (baobab). Pensaba y pensaba. En su niñez, en sus padres, en la guerra y en la vida de su pueblo, con sus penas y alegrías. Recordaba cuando salía a cazar con su padre. Apenas podía tensar la cuerda del arco y la flecha no llegaba a incrustarse en un árbol. Cuando una palanca por poco le entierra sus cuernos en el cuerpo o cuando cargaba los artefactos de caza de ambos. Después, con el paso de los años se hizo un gran cazador igual a su padre quien falleció por malaria. Recordaba cuando conoció a su actual mujer y los hijos que le había dado. Después de descansar regresaba a su aldea al oscurecer cuando sintió algo extraño que no podía explicar. El instinto le decía que había un peligro, pero no lograba localizarlo. Caminaba despacio, con todos sus sentidos en alerta. El ataque del león fue tan rápido que solo pudo verlo cuando se le abalanzaba. No pudo hacer nada. El felino clavó sus puntiagudos colmillos en su cuello y la sangre le brotaba sin parar. Poco a poco sintió que la vida se le iba.

Los restos de Motembo fueron encontrados y pudieron identificarlo por su lanza en la cual tenía inscrita el nombre de su padre en umbundo, el lenguaje de su pueblo.

Sus restos fueron expuestos en algo parecido a una parrilla, pero de madera. La aldea fue engalanada con telas de colores, flores y plumas, mientras los tambores amenizaban distintos bailes especiales para la ocasión. Nadie mostraba tristeza, pues Motembo había partido hacia un Mundo divino. Cualquier visitante de otro país pensaría que se trataba de una fiesta y para ellos, era una fiesta. El difunto había abandonado la vida de calamidades y desventuras para reunirse con amigos y familiares allá donde está lo Divino., donde está el Dios Amma.

 

                                                              Pedro Celestino Fernandez Arregui (Pcfa)