miércoles, 17 de noviembre de 2021

Amor al Natural (Poesía)


 

                                Amor al Natural

 

Si nos encontramos un día

En un monte o en un llano,

Ven a mí, nos saludamos

Y llenémonos de alegría.

 

Si se encuentran nuestras miradas

Y se recrean contemplándose,

No te preocupes es por los Dioses

¡Siempre haciendo trastadas!

 

Si nos fundimos en un abrazo

De esos que nos hacen vivir,

No temas mis latidos sentir

Y quédate en mi regazo.

 

Y sin querer nos damos un beso

Guiados por la inconciencia,

No tengas ninguna vergüenza

Porque el amor, es todo eso.

 

Autor: Pedro Celestino Fernandez Arregui

 

 

 

 

 

 

 

 

Amistad


 

                                                         AMISTAD

 

Aquel día llovía torrencialmente y el agua, como una bestia bravía, se salía de su cauce en aquel arroyo arrastrando ramas, troncos y todo lo que podía.

Molombo estaba nervioso. El agua comenzaba a llegar a la aldea y algunos vecinos se apresuraban en recoger sus pocas pertenencias envueltas en sábanas y marcharse a lugares altos.

En eso, un animalito desesperadamente trataba de no ser arrastrado por la corriente y Molombo sin pensarlo dos veces y luchando contra la corriente, logró rescatarlo y llevarlo consigo, fuera de la aldea. Se trataba de un cachorro de Onza con pocos días de nacido. Lo abrigó como pudo, le dio leche de cabra y lo llevó a la aldea una vez el peligro hubo pasado. Todos adoraban al pequeño Kalu, nombre que le pusieron.

Un día, todos notaron la ausencia de Kalu. ¡Había desaparecido! Era normal, los animales salvajes necesitan la selva como el hombre necesita amor.

Una noche, todos sintieron miedo cuando vieron los ojos brillantes de dos felinos en el medio de la aldea. Molombo se levantó y su corazón le decía que uno de ellos tenía que ser Kalu y se fue acercando lentamente. Uno de los felinos fue a su encuentro y le puso sus patas delanteras en el pecho. Mientras las rudas manos de Molombo acariciaban su cabeza. Luego se marchó con su compañera.

Los aldeanos que habían presenciado todo, salieron de sus chozas y rodearon a Molombo, contentos, llenos de alegría.

Los meses transcurrieron alternándose los periodos de lluvias y de secas. Molombo y dos amigos fueron al río a pescar. La sequía había diezmado la alimentación de los animales y estos eran mas peligrosos que nunca. Estando entretenidos en la labor, un leon hambriento atacó sorpresivamente a los hombres indefensos. Con una larga vara Molombo comenzó a golpear al felino que se puso muy feroz contra él, mientras los otros tuvieron la oportunidad de escapar. Las garras y los grandes colmillos del leon perforaban su cuerpo y le hacían daño, hasta que perdió el conocimiento.

Los aldeanos en su mayoría, alertados por los dos pescadores y armados con flechas y lanzas fueron a defender a Molombo, pero al llegar al lugar, no estaba su cuerpo. Fueron momentos muy tristes para la aldea. Esa noche los tambores sonaban aclamando a los Dioses por la entrada del desaparecido al Reino de los cielos.

Seis meses después, casi al ponerse el Sol un hombre cojeando y apoyado en una vara se acercaba a la aldea. ¡No se lo podían creer! ¡Era Molombo!

Según me contaron cuando recobró el conocimiento, tenía a su lado a Kalu y el cadáver de otra Onza. Las dos al parecer, habían logrado ahuyentar a los leones. El felino le traía alimentos y le pasaba su lengua por las heridas.

Dicen que esa noche reinó la alegría en la aldea y bailaron hasta el amanecer, pero solo bebieron café, el néctar negro que adoraban los Dioses.

 

 

Pcfa

 

 

 

 

 

martes, 16 de noviembre de 2021

Absuelto por Falta de Pruebas


 

                    ABSUELTO POR FALTA DE PRUEBAS

José recordaba cuando su padre le dijo que nunca permitiera que nadie lo ofendiera y luego limpió el cuchillo ensangrentado mientras de una patada tiraba el cadáver a un canal.

– ¿Qué tal María?

– ¡Escucha José! Eres una mierda. Le comentaste a Paco que tuve un desliz contigo. Eso no lo hace un hombre. Asqueroso y cerdo que eres –terminando de hablar le dio una bofetada en el rostro y se marchó colérica.

Esa noche, María cerró el bar y se dirigió a su casa. Las calles estaban desiertas y en penumbras. Se le aceró un auto en sentido contrario, la puerta del conductor se abrió y un golpe hizo que el cuerpo de la mujer cayera al suelo. El hombre la arrastró y la introdujo en el coche.

 

– Buenos días. ¿Es usted José Alcántara? Por favor acompáñame a la Unidad. Está usted detenido por ser el principal sospechoso de la desaparición de María Azola.

En la Unidad Policial el Investigador se sienta frente a José.

– ¿Usted discutió con la señora María Azola?

– En realidad, no discutí. Ella vino y me dijo muchas cosas feas. Me dio una bofetada y se marchó.

– ¿Por qué le dijo cosas feas y le pegó?

– Porque dijo que yo había hablado mal de ella y no es verdad.

– ¿Dónde estuvo anoche después de las once y media?

– En mi casa. Estuve viendo una película y cuando se terminó, me acosté.

– Tenemos una Orden de Registro para su casa y para su establecimiento.

La policía hizo un registro exhaustivo en su casa y el local donde vendía souvenir, pero no encontró nada.

– Está usted en libertad por falta de pruebas, señor Alcántara.

 

– José hace muchos años que te vendí el apartamento y llevo demasiado tiempo pidiendo que cambie los papeles que aún están a mi nombre. Pensé que eras un hombre de palabra, pero veo que te limpias con las palabras. Eres muy sucio.

– Se me había olvidado que estaba todo arreglado. Cuando cierre el local te llevaré los papeles.

Juana Ripoll sintió el timbre de la puerta y se imaginó que era José que venía a traer los papeles. Abrió la puerta y un fuerte golpe la derribó.

 

– José Alcántara usted conocía a la señora Juana Ripoll, pues le compró un apartamento. Es usted el principal sospechoso de su desaparición.

– Sí, Oficial.

– ¿Tenía usted algún problema con la señora Ripoll?

– No, no, teníamos problemas.

– Según su familia, estaba molesta con usted porque no cambiaba la titularidad de algunos servicios.

– Sí, es cierto, pero eso no quiere decir que hubiera problemas entre nosotros. Es que soy muy olvidadizo y siempre dejaba para otro día y así fue pasando el tiempo.

– ¿Dónde estuvo usted anoche?

– Aquí en mi tienda hasta las diez que cerré y de ahí para la casa.

– Hace años usted fue sospechoso de la desaparición de María Azola.

– Eso no tiene nada que ver o es que me están acosando.

– Registraremos sus propiedades.

 

– Lo soltaremos por falta de pruebas, señor Fiscal.

 

José llegó a su casa. Abrió una cerveza y se puso frente a un ventilador. Hacía mucho calor. Fijó su vista en la chimenea y sonrió. ¡Las dos Marías! ¿Tienen calor allá abajo? Policías idiotas, no saben nada. Con solo levantar la bandeja de las cenizas hubieran descubierto la entrada del zulo. ¿Cómo se les ocurrió ofenderme? Ahora me río de ustedes mientras tomo una cerveza y sin pruebas en mi contra. Se reía a carcajadas mientras iba por otra cerveza.

 

                                       FIN

 

Pcfa

 

(Relato de ficción basado en un caso real sin resolver).

 

 

 

 

lunes, 15 de noviembre de 2021

Oscura Historia


 

OSCURA HISTORIA

Como todos los días, a las siete de la noche,  Edgardo Abreu llegaba al bar La Estrella, situado en una calle céntrica de la ciudad. Se sentó en la barra y pidió un Whisky barato con hielo. En el bar estaban sentados en dos mesas, cuatro personas. Abreu no se interesó por ninguno de los clientes del bar. Bebería varias copas de whisky hasta sentirse “bien” y se iría para la casa. No soportaba por mucho tiempo la música alta que se escuchaba por los altavoces.

– Señor, ¿Le pongo otra copa? –le preguntó el camarero a Edgardo que se encontraba  recostado al mostrador, como si estuviera dormido y con la copa vacía en una mano.

– Señor, ¿Me escucha? –repitió de nuevo el camarero y lo movió por el hombro.

Edgardo cayó al suelo. Estaba muerto con una herida de bala en la espalda a la altura de la parte superior del pulmón izquierdo.

La policía llegó de inmediato, revisó el cuerpo tomó declaración y los datos personales de cada uno de los presentes. Nadie se había movido de sus asientos desde que llegó la víctima y el camarero no había salido de la barra. Tampoco no había entrado nadie y las ventanas estaban cerradas porque el local tenía aire acondicionado. Ninguno portaba arma. ¿Cómo lo asesinaron? Se preguntaba el Inspector Pelly.

Ninguno de los presentes en el bar podían salir de la ciudad y tenían que estar localizados, mientras el Inspector buscaba información de ellos y esperaba el resultado de la autopsia. También buscó información sobre Edgardo Abreu.

El occiso tenía 52 años, natural de esa ciudad y vivía en un barrio del sur. Arrestado y condenado por una muerte imprudente. Cuando tenía 18 años tuvo una discusión con un compañero del Instituto que se convirtió en una pelea en la que su adversario cayó sobre un trozo de hierro puntiagudo, causándole la muerte. Fue condenado a 20 años. Al salir se mudó a dos calles del bar. Trabajaba de custodio en un almacén.

El camarero, 25 años, natural de la ciudad, nunca había tenido problemas, vivía desde niño en el mismo barrio.   

De los clientes, dos tenían antecedentes penales por robos menores y los otros dos estaban “limpios” Los cuatros vivían cerca del bar, pero uno de ellos, el que estaba sentado solo en una mesa, vivió en el mismo barrio donde vivió Abreu.

El informe de la autopsia decía que Edgardo Abreu había muerto de una hemorragia interna pulmonar provocado por una herida de bala. Balística informaba que se trataba de una pistola calibre 38 disparado a una distancia de un metro aproximadamente y la trayectoria indicaba que había sido disparada desde atrás y un poco a su derecha.

Las investigaciones del equipo del inspector se centraron en los dos hombres con antecedentes penales. Sin embargo no había nada que los vinculara con la víctima. De pronto, la investigación dio un giro cuando Pelly descubrió que había alguien que tenía motivos para asesinar al señor Abreu. Además, ordenó un registro exhaustivo del Bar pues la pistola tenía que estar escondida allí.

El arma fue encontrada dentro del tanque de la taza del inodoro. Se encontraron huellas digitales y el proyectil extraído del cuerpo de la víctima coincidía con el arma encontrada.

El Inspector reunió a los presentes, en el momento del asesinato y los interrogó por separados. Luego les pidió que se sentaran en la misma posición en que estaban todos.

– Ustedes tres, estaban hablando de una fiesta a la que habían asistido y ninguno se levantó de la mesa desde el momento en que llegó la víctima –dijo dirigiéndose a los que estaban sentados en una de las mesas.

– Usted, señor Cobos, estabas leyendo el periódico. Sabemos que usted lee hasta la publicidad, según nos ha informado. Tampoco se levantó de la mesa –esta vez sus palabras iban dirigidas al que estaba sentado solo en otra mesa.

– Marcos, nos ha dicho que usted conversaba con el señor Abreu, pero nos omitió que había ido al baño. ¿No es así?

– Es normal. Cuando no tengo mucho trabajo reviso el baño por si falta papel higiénico, gel o si está limpio.

– Es normal, pero en esta ocasión usted fue por otra cosa. Para  esconder el arma con la que había cometido el asesinato.

– ¡Eso es absurdo! No tenía motivos para hacerlo.

– Eso creímos. Investigando supimos que usted fue adoptado con seis meses de haber nacido. Su padre, un joven de 19 años resultó muerto en una pelea. Su madre, ante el dolor y la incertidumbre de desamparo con un bebé, decidió darlo en adopción y después se suicidó. Usted no sabía esa historia y siempre creyó que sus padres eran los que lo habían adoptado mientras fue pequeño. Un día, su cliente, borracho como una uva se lo confesó sin saber que usted era hijo del compañero fallecido. Por varias conversaciones que había escuchado entre sus padres sabía lo de la adopción y comenzaste a averiguar hasta que pudiste comprobar que el culpable de la muerte de tus padres venía todas las noches a beber a tu bar. Esa noche cogiste la pistola y al pasar por su lado, le disparaste. Seguiste para el baño donde la escondiste.

– Nadie escuchó ningún disparo. Puedes preguntarle.

– Nadie escuchó el disparo por tres razones. Primero, estaban entretenidos. Segundo, ese día usted tenía el volumen del equipo de audio más alto que nunca y tercero, la pistola tiene un silenciador acoplado y un paño para recoger el casquillo. A esto hay que agregarle que disparaste a través del interior de un rollo de papel higiénico apoyado en su espalda. Marcos Gutiérrez, queda usted detenido por el asesinato de Edgardo Abreu.

 

Pcfa

 

 

 

 

 

 

 

 


sábado, 13 de noviembre de 2021

El Vendedor de Granizados


   

El Vendedor de Granizados

Desde muy pequeño tenía muy claro el concepto del respeto, la gentileza, la amistad, la humildad, el compañerismo, la justicia y el amor.

Me daba cierta pena el señor que pasaba todos los días frente a mi casa vendiendo granizados. Tenía alrededor de sesenta años, delgado, cabello canoso  miradas melancólicas y sonrisa perenne. Empujar aquel carro con un bloque de hielo de aproximadamente cien kilos y luego rasparlo, un montón de veces, con un utensilio para poder sacar el hielo frappé.

Ese día estaba justamente frente a la puerta de mi casa y yo regresaba del cole. Tenía entonces once años. Antes de llegar a la casa llegaron tres jóvenes grandes, fuertes y burlones y pidieron sendos granizados de fresas. Cuando el vendedor le dijo que costaba quince  centavos, se rieron y uno de ellos le contestó “Que te lo pague tu madre, viejuco” y se marcharon riendo haciendo caso omiso a todo lo que le decía el señor. Aquello me dio tremenda rabia y los seguí. Se habían sentado en la acera al doblar la esquina, a “disfrutar” de sus granizados y reírse de la “hazaña” realizada. Regresé junto al vendedor, tomé treinta centavos del dinero asignado para la merienda y pedí tres granizados de chocolate, además le dije que cobrara los tres de los antipáticos jóvenes. Fui donde estaban ellos y al pasarle por detrás le aplasté, en sus respectivas cabezas, los tres cucuruchos de granizados de chocolate y corrí en dirección a la casa. Sabía que han visto cuando entraba. Mi padre, oficial de la Policía, había terminado de limpiar su pistola reglamentaria y mi madre terminaba de hacer la comida. Saludé y me introduje en el baño. Tocaron a la puerta y les abrió mi padre.

– ¿Qué desean?

– Perdone señor. Nos hemos equivocados –dijo uno de ellos al ver a mi padre con la pistola en la mano.

No sé si se mudaron de barrio o simplemente pasaban por otra calle, pero más nunca los volví a ver.

 

Pcfa

 

 


martes, 6 de julio de 2021

El Gato Azul



 

El Gato Azul

– ¡Mamá, mamá!

– ¿Qué sucede, Isabel? –dijo su madre al tiempo que abría la puerta de la habitación.

– He visto un gato azul pasar frente a la ventana.

– ¿De veras? Pues no sabía que había gatos azules. ¿No sería que te confundiste con algún reflejo u otra cosa? Sigue haciendo los deberes.

La mamá de Isabel pensaba que los niños tienen una imaginación increíble. Recuerda cuando era niña como jugaba con las muñecas y conversaba con ellas como si fueran niñas, pero no solo con las muñecas, también con los animales. Recordaba que tenía un perrito y hasta le hacía cuentos inventados por ella.

– ¡Mamá, mamá!

– ¿Qué sucede ahora? –preguntó al entrar a la habitación de Isabel.

– El Gato azul. Lo he visto otra vez.- dijo la niña señalando para la ventana de cristal.

– Vamos a ver, Isabel. Los gatos azules no existen. Los hay negros, blancos, manchados, pero no azules. Es posible que una luz azul  le haya llegado y pareciera azul. Sigue con los deberes que es tarde y tienes que dormir.

– Pero mamá. ¿No puede ser un gato mágico? –se sentó junto a la niña y le acarició.

– Es posible. Dicen que en un planeta lejano todo era azul o casi todo. Un día el planeta se desintegró y desde entonces andan vagando por el Universo. Es posible que algunos de esos animalitos hayan llegado hasta nosotros. Pensándolo bien, puede ser que ese gato que veas, sea de ese planeta. Recuerdo cuando era niña vi un perrito verde, pero desapreció y al otro día por la mañana tenía un perrito verde en la habitación, pero de peluche y lo quise mucho. ¡Hasta mañana!

– ¡Hasta mañana, mamá!

Después de dejar a la niña en el Cole decidió buscar en las tiendas un gato de peluche azul. Buscando tiendas de peluches se encontró con la vecina.

– ¡Hola María!

– ¡Hola Paca!

– ¿Cómo están? ¿La niña bien en el cole? ¿Tu marido bien en su trabajo?

– Sí, Paca. Todo bien. ¿Y ustedes?

– Mi marido sigue con las ONG y yo cuidando a una señora que está muy malita.

– Los dos haciendo algo por los desvalidos.

– Si y mi marido el pobre no descansa. Cuando no es repartiendo alimentos, es viajando a países pobres para llevarles alimentos y medicinas. Ayer se puso furioso, pues él se pone a hacer tizas para llevarles a los niños. Tiene unos cuantos sacos de polvos de colores. Pues tenía una bandeja con un líquido azul preparado para echarle el yeso cuando el gato viró la bandeja y dejó al gato azul. Después se reía a carcajada. Hoy fue que pudimos volverle  su color original.

– Bueno, me voy que tengo cosas que hacer. Saludos a tu marido.

Al día siguiente, Isabel se encontró en la habitación un  simpático gatico azul.

– ¡Mamá, mamá!

– ¿Qué sucede, Isabel?

– ¡Mira! –le dijo al tiempo que le mostraba el peluche en los brazos.

– ¿Ya ves? So te lo dejó para que nunca lo olvides. El irá paseando por todo el Mundo y llenará de ilusión a otros niños.

A partir de esa noche, Isabel dormía abrazada a su gatico azul.


Pcfa

 

 

 

 

 

 

lunes, 3 de mayo de 2021

A la Sombra de un Tejo


 

                          A LA SOMBRA DE UN TEJO

Ayalga vivía en un asentamiento astur cerca de lo que hoy es Calunga. Era el último asentamiento, pues cambiaban de lugar debido a su guerra de guerrillas contra las tropas romanas. Al parecer, los romanos no pretendían llegar hasta allí, pero ante la imposibilidad de conquistar Asturias completa, Roma decidió enviar a su mejor estratega, Marco Vipsanio Augusto.

La joven astur le gustaba pasear cabalgando en su asturcon, que consideraba su amigo y además se entrenaba para las batallas contra los enemigos. Uno de los lugares visitados era lo que hoy se conoce como el mirador de Fitus. Se bajaba del caballo y se ponía a contemplar el hermoso paisaje con sus verdores y contrastes de colores. Desde allí podía contemplar el mar, las montañas, los bosques y por el sur, en ocasiones, hasta lo que hoy es León. Ese día, algo la sorprendió. Gran cantidad de soldados desembarcaban en lo que hoy se conoce como playa Beciella. Se montó en su caballo y fue a dar la noticia a su pueblo. Enseguida se convocó al Consejo Abierto para planificar las acciones a tomar contra los invasores. Lo que ellos no sabían que gran cantidad de romanos se acercaban por el sur.

Marcos era un joven romano que había ingresado al ejército de Augusto como tanto jóvenes en busca de aventuras y dinero. Su jefe inmediato le ordenó que junto con otros soldados fueran en busca de asturcones para poder avanzar fácilmente por entre las escarpadas montañas. Al mediodía habían reunidos una docena y entonces antes de regresar, Marcos decidió darse un chapuzón en un arroyo cercano. Cuando salió del agua se percató de que una hermosa mujer lo miraba. Le sonrió y ella sonrió, pero cuando quiso acercarse, la chica huyó. No le contó a nadie sobre el encuentro.

A la jornada siguiente el joven militar repitió la acción y otra vez la chica lo observaba. En esta ocasión, ella permitió que se le acercara, pero volvió a huir cuando estaba a pocos metros. Tenía que hablar con ella pues había recibido un flechazo de amor. Estaba dispuesto a todo por conquistar su corazón.

Después de varios días sin verla, se encontraron de pronto, frente a frente. Ella había salido de detrás de una gran roca. Se dijeron sus nombres, sonrieron, las miradas eran parte de una conversación silenciosa. Para ellos, solo existían ellos. Quedaron en verse al día siguiente y al otro y así todos los días. El amor entre ellos se solidificaba y era más intenso. Se amaban como nunca habían amado ninguno de los dos.

Le contó a su amigo íntimo el amor que sentía por una astur y el amigo se lo contó a su jefe y este a su vez a Agrippa.

Un día, él la acompañó hasta cerca del asentamiento cuando vieron como una gran cantidad de soldados romanos combatían contra el pueblo de la chica y ante sus ojos veían derramar la sangre de ambos lados.

Se retiraron al bosque de Sebes. Ninguno de los dos iban a renunciar al amor que sentían e hicieron un juramento de seguir juntos hasta mas allá de la muerte.

 

Una patrulla del ejército romano descubren debajo de un frondoso tejo, los cuerpos sin vida de Ayalga y Marcos. Estaban abrazados, como si durmieran y nadie se explicaba lo ocurrido. Tampoco prestaron atención a los residuos de semillas y hojas en sus bocas y tampoco conocían el poder venenoso del tejo.

 

Pcfa