jueves, 24 de octubre de 2019

El Puente Viejo




                                 El Puente Viejo


Aquel puente tenía su misterio, aunque era hermoso. La hermosura y el misterio van tomadas de la mano cuando de cosas antiguas se trata.

En realidad, no era un puente grande, peligroso o alto. Era un puente sobre un arroyo casi estrangulado por las plantas, sin apenas agua, que me recordaba las lágrimas corriendo por las arrugas del rostro de un anciano. Las ranas disfrutaban de su paraíso y los cerdos, escapados de su potrero, saciaban su apetito con las malangas que sus fuertes hocicos lograban sacar de la tierra humedecida.

Las tablas y los postes no renunciaban a su labor de tantos años a pesar de mostrar las heridas del tiempo y sus quejidos se podían escuchar al paso de las carretas. Quejidos que en mitad de la noche, ponían los pelos de punta a cualquier visitante de la ciudad.

Cierto día, un joven al que todos decían Mayito, le sucedió algo raro en el Puente Viejo y desde entonces, era motivo de conversaciones entre los campesinos de la zona. Basta que alguien mencionara el Puente, para que se apoderara en los presentes, un temblor raro en el cuerpo y el corazón latía a ritmo acelerado, o sea, los invadía el miedo.

Corría la segunda mitad del Siglo XX. En contadas ocasiones, en casa de algún campesino, se formaba un guateque y todos los jóvenes de los alrededores acudían a la fiesta. El baile, el aguardiente, la música y los cantantes eran suficiente para que la diversión estuviera asegurada. Los guateques eran la excusa perfecta para conocer las hermosas campesinas que asistían y bailar si era posible. Ella a su vez también, tenían la oportunidad. Rara vez ocurría una pelea y muchas veces algunos salían un poco mareado por el alcohol.

Mayito no se perdía un guateque. En una ocasión se fracturó una pierna y con el yeso se fue a una fiesta. Ese día, ni por nada del Mundo dejaría de asistir al guateque que se iba a efectuar en casa de Antonio Rigo, pues asistiría una hermosa joven de la cual estaba locamente enamorado de ella. Cuando se dirigía a la casa de Rigo, al pasar por el puente, sintió un escalofrío extraño y un silbido continuo que no cesaba. El caballo se resistía a pasar y tuvo que desmontarse y halar por la rienda al animal. En cuanto pasó el puente se montó y salió a todo galope del lugar.

En cuanto vio a la chica de sus sueños, se le olvidó el susto que había pasado o casi, porque no podía concentrarse y hasta tenía miedo de invitar a bailar a la chica. En fin, se bebió unos cuantos tragos de ron y se marchó. Al llegar al puente, sucedió lo mismo. El caballo no quería pasar y el silbido continuo le perforaba el cerebro. Le daba duro con los contrafuertes de sus botas a las costillas del animal hasta que éste se  alzó apoyado en sus patas traseras, derribó al jinete y salió a todo galope en dirección contraria. Cuando cayó al suelo rodó hasta caer al borde del arroyo. Frente a él  un hombre con un horrible rostro se reía hasta que por la boca le salió un enorme sapo. No podía moverse, el barro lo tenía aprisionado y entonces llegaron varios hombres riéndose  y poniéndose delante de él, abrieron las camisas y la piel transparente de sus barrigas dejaba ver miles de huevos de ranas. Comenzó a gritar hasta que acudieron dos vecinos del lugar y lo sacaron del barro. Les contó lo que había visto. Uno de ellos le contestó que a otros le había sucedido lo mismo y no le dieron importancia.

El joven se puso tan mal de los nervios que no salió más nunca de su casa.

El caso fue llevado a programas de televisión donde abordaban temas paranormales, pero un especialista en descifrar misterios asegura que el silbido se debía al paso del viento por un orificio en una roca debajo del puente y que la visión de Mayito fue una alucinación producto de la caída.

Los campesinos de la zona dejaron de pasar por el puente de noche hasta que fue derribado y construyeron uno nuevo.



Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui










viernes, 27 de septiembre de 2019

Lo que puede el Amor




                         Lo que puede el amor



Todos los días, a la misma hora, se sentaba en aquella solitaria roca y se quedaba embelesado mirando al único árbol en aquella extensa sabana. Los caminantes lo saludaban y pasaban junto a él como si no hubieran pasado. Hay motivos para que una persona se abstraiga y renuncie al tiempo y el espacio en que está. Quizás el tuviera un motivo, pero nadie sabía cuál era.

Muchos años atrás, siendo un niño, se había enamorado de una alumna de su colegio rural. La hermosa niña era inteligente y el profesor la quería muchísimo. Sin embargo, mucho de sus compañeros la maltrataban psicológicamente convirtiendo su vida en una víctima de un acoso despiadado. No había día que ella no llegara a la casa llorando y él también. Sufría en silencio el abuso con aquella niña de rizos dorados que amaba tanto, pero no podía hacer nada contra aquellos que mostraban su fiereza y prepotencia como una manada de lobos hambrientos.

 Un día de mucha lluvia, la niña se refugió en un viejo establo abandonado a esperar que cesara de llover y poder seguir para su casa. Tres compañeros de ella llegaron al establo. Apenas la vieron comenzaron a reírse de su cabello mojado. Trató de abandonar el lugar, pero no la dejaron salir se abalanzaron sobre ella como fieras sedientas de sangre al mismo tiempo que él llegaba. Cogió un madero y golpeó con fuerza a los tres niños que quedaron ensangrentados en el suelo. La niña se había ido.

  Fue internado en un Centro de Reeducación de menores durante varios años. Cuando salió, convertido en un joven fuerte, preguntó en la zona por aquella niña que había amado en silencio y que deseaba encontrarla para declararle su amor.

  Desde entonces, lágrimas corren por sus mejillas, cuando todos los días se sienta en aquella roca a contemplar el árbol solitario donde aquella niña se quitó la vida.

(pcfa)




jueves, 26 de septiembre de 2019

Nos Amaremos Siempre (Poesía)



Nos amaremos siempre



Como la Vía Láctea, la noche se hace larga
y los días son gigantescos relojes de arena.
Mientras, en un barco navegan las penas
por un mar triste y de aguas amargas.

Recuerdo cuando nos vimos
allá en aquella tierra llena de promesas.
sin imaginar por un instante siquiera
el triste final que no quisimos.

Las mariposas vuelan de flor en flor
Como si danzara un vals de tristeza
Y aunque luzca los colores, su belleza,
Siento amargura, angustia y dolor.

No sé cuál de los dos llorará primero
de nuestra existencia, el último adiós
Solo sé, mi amor, que nunca faltó
una lágrima por ti, en mi desvelo.

Te puedo asegurar que allá donde iremos
Una vez mas nos vamos a encontrar
y entonces nos volveremos a amar.
Hasta la eternidad. ¡Nos amaremos!





Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui










Amar




                                                  Amar



El pasado se desvanece, el presente se lo lleva el viento y el futuro está envuelto en niebla. Olvidamos cosas y otras nos obligan a olvidarlas y a creer en un pasado donde habitaban los malos sin darse cuenta que están entre nosotros con otra vestimenta. Aquellos buenos de antes quieren ser los buenos de ahora, pero son muchos los malos que llenan el presente y caminan desafiante hacia ese futuro oculto tras la niebla.

¿Cómo protegerse del viento que se lleva el presente? ¿Cómo disipar las nieblas del futuro? ¿Qué hacer para fijar el pasado con historia y sus enseñanzas?

Sólo la luz del amor es capaz de disipar la niebla. Sólo el amor, es capaz de solidificar el pasado y su historia y sólo el amor es capaz de hacernos feliz el presente.

pcfa

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Los Pobres




                                          Los Pobres


Un día, un joven campesino se encontraba descansando, sentado en el tronco de un árbol caído. Había limpiado de malas hierbas la siembra y el sudor le corría por la frente y le empapaba la camisa.

Estaba mirando fijamente al horizonte y pensando en su vida.  Había nacido pobre, seguiría pobre y moriría pobre, porque según él, el que nace para pobre, la pobreza se le viene encima.

No se había percatado en la llegada de un anciano que apoyado en un cayado, lo observaba fijamente.

–¡Perdona, señor! No lo había visto.

–¿Por qué esa tristeza?

–Señor, la vida es una basura. He nacido en un país pobre, de padres pobres y mis hijos serán pobres.

–No, hijo. No sabes lo que es ser pobre. ¿Crees que lo sabes?

–Pobres son esos que no tienen donde caerse muerto, no tienen ropa, ni comida y algunos sin techos.

–Esos no son pobres. Carecen de cosas, pero si son alegres, si disfrutan cada minuto de la vida, si saben sonreír, ayudar al prójimo y amar a la familia, esos no son pobres. Pobres son aquellos que no carecen de nada y están amargados, tristes, pensando en ganar mas dinero o pagar las deudas. Aquellos que en años no se comunica con su familia porque no tienen tiempo. ¡Esos, sí son pobres! Al igual que los países donde sus habitantes son felices por las mismas razones antes expuestas. Pobre no es el país que vive en la pobreza. Pobre es el país cuya ideología convierte en pobres a sus ciudadanos y los obliga a cometer locuras. Pobres fueron los alemanes que se vieron envueltos en la ideología del nazismo aún cuando era un país rico, pero esa ideología los llevó a la guerra. Eso es un ejemplo, joven. Hay miles de ejemplos donde se demuestra lo que te he dicho sobre la pobreza. Hay muchos como tú que serían felices por tener tu trabajo, tener tu familia y vivir con su mente libre.

El joven había escuchado atentamente al anciano, con su mirada fija en el suelo. Cuando no lo escuchó, levantó la vista y miró a su alrededor buscando al señor que tan amablemente le había dado una idea de lo que era ser pobre. Había desaparecido, pero sus palabras quedaron para siempre en su mente y a partir de ese momento fue un hombre feliz.



Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui


lunes, 16 de septiembre de 2019

El Cazador de Nubes




                                       El Cazador de Nubes
                                        (Cuento para niños)



En una pequeña aldea perdida entre las montañas vivía Soplido, al que llegaron a llamarle  el Cazador de Nubes. ¿Por qué le decían así? Les contaré la historia.

Soplido desde que se levantaba se iba a jugar con los niños. No tiene nada extraño, pero tenía quince años y alto como un ciprés. Sobresalía por encima de las cabecitas  y a todos les hacía recordar a Gulliver en el país de los enanos. Los niños se divertían con él por las acrobacias que hacía y la sonrisa contagiosa que siempre permanecía en su rostro. Si un niño estaba triste, conversaba con él, le hacía un cuento y enseguida se ponía a jugar. Si alguno se caía, corría a socorrerlo, lo animaba con palabras dulces y si sufría algún pequeño corte o raspadura, le ponía yodo y una vendita si lo necesitaba. Y es que el joven siempre llevaba una mochila con agua, chuches y un botiquín de primeros auxilios.

Un día cuando Soplido fue a visitar a un familiar a otra aldea, observó como un niño, con su rostro compungido, se encontraba debajo de un árbol con una libreta y un lápiz, observando el cielo. Se le acercó y le preguntó muy dulcemente si podía ayudarlo en algo.

–Es que siempre miro las figuras que forman las nubes y las pinto en mi libreta, pero hace días que no hay ninguna que me muestre ositos, conejitos, caballos, barcos y no tengo que dibujar.

–¡No te preocupes!–le dijo dándole una palmadita en su pequeña espalda.

Fue ese encuentro que lo hizo pensar en hacer algo para complacer al niño porque, como dijo un gran pensador llamado José Martí, “Los niños nacen para ser felices”.

Construyó una especie de andamio con jaulas de distintos tamaños que iban sujetas a su cuerpo y tomó una caña larga a la cual ató, en uno de sus extremos, una especie de malla en forma de embudos y así comenzó a andar en busca de nubes. Escogía a aquellas que tenían formas de animales o cosas hasta llenar todas las jaulas.

Al primero que le obsequió dos nubes fue al niño que había encontrado debajo del árbol y luego, al llegar a su aldea, llamó a todos los niños y le fue dando una  nube a cada uno. Los niños estaban contentos de poder jugar con las nubes, pero con el tiempo se deshacían y solo dejaban pequeños charcos de agua. Cuando no quedaba ninguna le pedían a Soplido que por favor fuera a cazar más y él, muy alegre, cumplía el deseo de los niños.

Dicen unos campesinos que un día se formó una nube grande y negra. Y que de esa nube bajó un tentáculo hacia donde estaba Soplido y como si fuera un brazo, lo levantó con jaula y todo hasta desaparecer en su interior.

Desde entonces nunca más ha existido un cazador de nubes, sin embargo, generaciones tras generaciones, los niños tienen la esperanza de que un día la nube negra lo devuelva.





Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui

Imagen: Pintura de Marcin Kolpanowicz . Título de la pintura: El Cazador de Nubes






























martes, 10 de septiembre de 2019

Escambray



                                                             



                                                 Escambray


–Teniente, otro de los nuestros ha sido alcanzado por ese hijo de puta.

–Me dijo el Alto Mando que un batallón está en camino. ¡Le vamos a tirar con todo!

Wilberto González había recibido la orden de capturar a un “alzado” que les había causado varias bajas y estaba dispuesto a todo por tal de cumplir la orden. Eran muchos y con los que llegaran en breve, ese tipo no podría escapar. Acarició su fusil checo SA 23 y se dirigió al exterior de la improvisada cabaña. Muy pronto comenzaron a llegar los camiones con el personal de refuerzo. Sin mucho rodeo le explicó a los recién llegados su principal objetivo.

Cientos de hombres disparaban sin cesar hacia el lugar donde supuestamente se encontraban los “bandidos”, hasta su rendición. Su Jefe, con heridas en la pierna y en el hombro fue llevado ante el teniente González quien se puso blanco al observar su prisionero.

–¡Manuel! ¡No lo puedo creer!

–¿No me abrazas? –diciendo esto se acercó al teniente con los brazos extendido, pero fue detenido por dos uniformados.

–¡Tranquilos, no hay problemas!¡Pueden retirarse! –les ordenó a los soldados.

–Llevamos tiempo sin vernos y nuestro encuentro no es muy agradable.

–Recuerdo cuando íbamos al colegio, cuando nos bañábamos en el río, cuando le soltábamos las vacas a José, cuando jugábamos a la pelota. Siempre estábamos juntos. ¡Hasta en los castigos! Cuando hacías algo y te castigaban, decía que había sido yo. Entonces nos castigaban a los dos.

–¡Sí que lo recuerdo! Recuerdo nuestros días en el Instituto cuando hiciste explotar un bombillo en el aula mientras la maestra escribía en la pizarra, cuando le lanzaste la goma de borrar a un profesor.

–Wilbert, que locura aquella habernos ido a combatir sin saber ni manipular un arma. Me dijiste, “¿Vamos a darle una mano a los muchachos? Te dije, ¡Vamos! Y nos incorporamos a los rebeldes que atacaban al pueblo.

–¿Manuel, por qué? ¿Por qué combates contra tu pueblo? Tú no has sido afectado en nada y te pones del lado de los “yanquis”. ¿Es que acaso quieres que tu país sea colonia americana? ¿Quieres que vuelvan los grandes terratenientes, la explotación  y los abusos?

–¿Wilbert, aún no te has dado cuenta que esto es comunismo? Están interviniendo todo, han declarado la guerra a los religiosos, a los homosexuales, han fusilado a cientos de gentes inocentes, las cárceles se han llenado con aquellos que no están de acuerdo con tu gobierno. Estamos en las mismas, estamos ahora bajo otra tiranía.

–No, estás equivocado. Fidel dijo que esto no era comunismos, que nuestra revolución es mas verdes que las palmas. Se han encarcelado y fusilado a los criminales que cometieron crímenes y los que se han puesto bajo las órdenes de la C.I.A

–Me parece estar soñando. No puedo creer que tú eres el que está hablando de esa manera. ¿Recuerdas cuando lanzábamos grapas a la carretera para paralizar el tráfico y ayudábamos a papá en la venta de bonos para financiar a los rebeldes? ¿Por qué luchábamos si no era para acabar con la tiranía que nos oprimía?

–No sé si llamarte por el nombre o si decirte, Teniente. Como quieras, me sorprendes. Todo lo que dices lo recuerdo y me entristece verte al servicio del comunismo. Un Sistema que tiene el récord de muertos en el Mundo. Un Sistema donde lo único que vale es el Partido. Sí, pronto crearan el Partido Comunista de Cuba y se acabará la libertad de expresión. La familia se está dividiendo y se dividirá más. Dentro de poco me fusilaran y tú lo aceptarás, porque antes que todo está tu Revolución.

–¡No digas eso!

–¿No? Ahora mismo mi vida depende de ti. Sácame escondido en tu yipi que a ti nadie te va a revisar. No, no lo harás porque tú eres revolucionario y tu hermano es un “alzado” que ha traicionado a la Patria.

–Manuel, has asesinado a varios compañeros. Tú eres un sicario de la CIA. Te alzaste para entregar el país a los americanos. Te pagan por eso.

 –Te equivocas. No he asesinado a nadie. He matado en combate. ¿Acaso no hicimos lo mismo en el ataque al pueblo? ¿Acaso no hicimos lo mismo en los combates siguientes? ¿Acaso no hizo lo mismo tu Comandante en el ataque al cuartel Moncada? Él estuvo cinco años presos y vivía como un Rey en la prisión. A mí me van a fusilar. Sabes bien que muchos políticos americanos ayudaban a la Revolución en dinero y armas. Muchos, de esos terratenientes y capitalistas odiados por el Gobierno, fueron los primero en ayudar a que triunfara la Revolución, pero no entiendes eso porque los tuyos son los buenos y los nuestros son los malos.

–Hermano, la Revolución ha enviado a miles de jóvenes a  alfabetizar. Dentro de poco no habrá analfabetos en Cuba. ¿Eso es malo? Le ha dado la oportunidad de estudiar a todos los pobres que antes no podían, otorgando becas y convirtiendo cuarteles en escuelas. ¿Eso es malo? Se ha firmado la Ley de Reforma Agraria para darle tierra a los campesinos y acabar con los grandes latifundios ¿Eso es malo?

–Wilberto, lo que dices de la alfabetización no es malo, pero acaso no es una forma de adoctrinar con las nuevas ideas revolucionarias. ¿Has leído las cartillas de alfabetización? Has visto el adoctrinamiento en los Centros de becarios.

–¡Teniente! El Comandante quiere que le envíes inmediatamente al prisionero –dijo un uniformado recién llegado.

–Un momento, por favor – contestó y le hizo seña para que saliera.

–Recuerda Wilbert, los políticos solo buscan su beneficio o el poder.

Se acercaron y se fundieron en un abrazo, se besaron y estuvieron mirándose un rato. Por las mejillas del Teniente Gonzáles rodaban muy lentamente las lágrimas. ¡Era su hermano! El corazón se le oprimía al saber que sería la última vez que lo vería. Manuel González lo miraba fijo sin pestañar. Entraron a buscarlo y antes de darle la espalda le lanzó una escupida y justo en la puerta se volteó para decirle:

–Teniente Wilberto Gonzáles, yo no veré a Cuba Libre, pero tú no verás una Cuba triunfante y próspera.

Al día siguiente, Manuel González fue fusilado. Recostado a un árbol en las lomas del Escambray, el Teniente Wilberto González lloraba.



Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui









Imagen: https://aquellasarmasdeguerra.wordpress.com/2012/12/07/algunas-armas-utilizadas-en-la-guerra-del-escambray-1960-1966/