jueves, 26 de septiembre de 2019

Nos Amaremos Siempre (Poesía)



Nos amaremos siempre



Como la Vía Láctea, la noche se hace larga
y los días son gigantescos relojes de arena.
Mientras, en un barco navegan las penas
por un mar triste y de aguas amargas.

Recuerdo cuando nos vimos
allá en aquella tierra llena de promesas.
sin imaginar por un instante siquiera
el triste final que no quisimos.

Las mariposas vuelan de flor en flor
Como si danzara un vals de tristeza
Y aunque luzca los colores, su belleza,
Siento amargura, angustia y dolor.

No sé cuál de los dos llorará primero
de nuestra existencia, el último adiós
Solo sé, mi amor, que nunca faltó
una lágrima por ti, en mi desvelo.

Te puedo asegurar que allá donde iremos
Una vez mas nos vamos a encontrar
y entonces nos volveremos a amar.
Hasta la eternidad. ¡Nos amaremos!





Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui










Amar




                                                  Amar



El pasado se desvanece, el presente se lo lleva el viento y el futuro está envuelto en niebla. Olvidamos cosas y otras nos obligan a olvidarlas y a creer en un pasado donde habitaban los malos sin darse cuenta que están entre nosotros con otra vestimenta. Aquellos buenos de antes quieren ser los buenos de ahora, pero son muchos los malos que llenan el presente y caminan desafiante hacia ese futuro oculto tras la niebla.

¿Cómo protegerse del viento que se lleva el presente? ¿Cómo disipar las nieblas del futuro? ¿Qué hacer para fijar el pasado con historia y sus enseñanzas?

Sólo la luz del amor es capaz de disipar la niebla. Sólo el amor, es capaz de solidificar el pasado y su historia y sólo el amor es capaz de hacernos feliz el presente.

pcfa

miércoles, 25 de septiembre de 2019

Los Pobres




                                          Los Pobres


Un día, un joven campesino se encontraba descansando, sentado en el tronco de un árbol caído. Había limpiado de malas hierbas la siembra y el sudor le corría por la frente y le empapaba la camisa.

Estaba mirando fijamente al horizonte y pensando en su vida.  Había nacido pobre, seguiría pobre y moriría pobre, porque según él, el que nace para pobre, la pobreza se le viene encima.

No se había percatado en la llegada de un anciano que apoyado en un cayado, lo observaba fijamente.

–¡Perdona, señor! No lo había visto.

–¿Por qué esa tristeza?

–Señor, la vida es una basura. He nacido en un país pobre, de padres pobres y mis hijos serán pobres.

–No, hijo. No sabes lo que es ser pobre. ¿Crees que lo sabes?

–Pobres son esos que no tienen donde caerse muerto, no tienen ropa, ni comida y algunos sin techos.

–Esos no son pobres. Carecen de cosas, pero si son alegres, si disfrutan cada minuto de la vida, si saben sonreír, ayudar al prójimo y amar a la familia, esos no son pobres. Pobres son aquellos que no carecen de nada y están amargados, tristes, pensando en ganar mas dinero o pagar las deudas. Aquellos que en años no se comunica con su familia porque no tienen tiempo. ¡Esos, sí son pobres! Al igual que los países donde sus habitantes son felices por las mismas razones antes expuestas. Pobre no es el país que vive en la pobreza. Pobre es el país cuya ideología convierte en pobres a sus ciudadanos y los obliga a cometer locuras. Pobres fueron los alemanes que se vieron envueltos en la ideología del nazismo aún cuando era un país rico, pero esa ideología los llevó a la guerra. Eso es un ejemplo, joven. Hay miles de ejemplos donde se demuestra lo que te he dicho sobre la pobreza. Hay muchos como tú que serían felices por tener tu trabajo, tener tu familia y vivir con su mente libre.

El joven había escuchado atentamente al anciano, con su mirada fija en el suelo. Cuando no lo escuchó, levantó la vista y miró a su alrededor buscando al señor que tan amablemente le había dado una idea de lo que era ser pobre. Había desaparecido, pero sus palabras quedaron para siempre en su mente y a partir de ese momento fue un hombre feliz.



Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui


lunes, 16 de septiembre de 2019

El Cazador de Nubes




                                       El Cazador de Nubes
                                        (Cuento para niños)



En una pequeña aldea perdida entre las montañas vivía Soplido, al que llegaron a llamarle  el Cazador de Nubes. ¿Por qué le decían así? Les contaré la historia.

Soplido desde que se levantaba se iba a jugar con los niños. No tiene nada extraño, pero tenía quince años y alto como un ciprés. Sobresalía por encima de las cabecitas  y a todos les hacía recordar a Gulliver en el país de los enanos. Los niños se divertían con él por las acrobacias que hacía y la sonrisa contagiosa que siempre permanecía en su rostro. Si un niño estaba triste, conversaba con él, le hacía un cuento y enseguida se ponía a jugar. Si alguno se caía, corría a socorrerlo, lo animaba con palabras dulces y si sufría algún pequeño corte o raspadura, le ponía yodo y una vendita si lo necesitaba. Y es que el joven siempre llevaba una mochila con agua, chuches y un botiquín de primeros auxilios.

Un día cuando Soplido fue a visitar a un familiar a otra aldea, observó como un niño, con su rostro compungido, se encontraba debajo de un árbol con una libreta y un lápiz, observando el cielo. Se le acercó y le preguntó muy dulcemente si podía ayudarlo en algo.

–Es que siempre miro las figuras que forman las nubes y las pinto en mi libreta, pero hace días que no hay ninguna que me muestre ositos, conejitos, caballos, barcos y no tengo que dibujar.

–¡No te preocupes!–le dijo dándole una palmadita en su pequeña espalda.

Fue ese encuentro que lo hizo pensar en hacer algo para complacer al niño porque, como dijo un gran pensador llamado José Martí, “Los niños nacen para ser felices”.

Construyó una especie de andamio con jaulas de distintos tamaños que iban sujetas a su cuerpo y tomó una caña larga a la cual ató, en uno de sus extremos, una especie de malla en forma de embudos y así comenzó a andar en busca de nubes. Escogía a aquellas que tenían formas de animales o cosas hasta llenar todas las jaulas.

Al primero que le obsequió dos nubes fue al niño que había encontrado debajo del árbol y luego, al llegar a su aldea, llamó a todos los niños y le fue dando una  nube a cada uno. Los niños estaban contentos de poder jugar con las nubes, pero con el tiempo se deshacían y solo dejaban pequeños charcos de agua. Cuando no quedaba ninguna le pedían a Soplido que por favor fuera a cazar más y él, muy alegre, cumplía el deseo de los niños.

Dicen unos campesinos que un día se formó una nube grande y negra. Y que de esa nube bajó un tentáculo hacia donde estaba Soplido y como si fuera un brazo, lo levantó con jaula y todo hasta desaparecer en su interior.

Desde entonces nunca más ha existido un cazador de nubes, sin embargo, generaciones tras generaciones, los niños tienen la esperanza de que un día la nube negra lo devuelva.





Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui

Imagen: Pintura de Marcin Kolpanowicz . Título de la pintura: El Cazador de Nubes






























martes, 10 de septiembre de 2019

Escambray



                                                             



                                                 Escambray


–Teniente, otro de los nuestros ha sido alcanzado por ese hijo de puta.

–Me dijo el Alto Mando que un batallón está en camino. ¡Le vamos a tirar con todo!

Wilberto González había recibido la orden de capturar a un “alzado” que les había causado varias bajas y estaba dispuesto a todo por tal de cumplir la orden. Eran muchos y con los que llegaran en breve, ese tipo no podría escapar. Acarició su fusil checo SA 23 y se dirigió al exterior de la improvisada cabaña. Muy pronto comenzaron a llegar los camiones con el personal de refuerzo. Sin mucho rodeo le explicó a los recién llegados su principal objetivo.

Cientos de hombres disparaban sin cesar hacia el lugar donde supuestamente se encontraban los “bandidos”, hasta su rendición. Su Jefe, con heridas en la pierna y en el hombro fue llevado ante el teniente González quien se puso blanco al observar su prisionero.

–¡Manuel! ¡No lo puedo creer!

–¿No me abrazas? –diciendo esto se acercó al teniente con los brazos extendido, pero fue detenido por dos uniformados.

–¡Tranquilos, no hay problemas!¡Pueden retirarse! –les ordenó a los soldados.

–Llevamos tiempo sin vernos y nuestro encuentro no es muy agradable.

–Recuerdo cuando íbamos al colegio, cuando nos bañábamos en el río, cuando le soltábamos las vacas a José, cuando jugábamos a la pelota. Siempre estábamos juntos. ¡Hasta en los castigos! Cuando hacías algo y te castigaban, decía que había sido yo. Entonces nos castigaban a los dos.

–¡Sí que lo recuerdo! Recuerdo nuestros días en el Instituto cuando hiciste explotar un bombillo en el aula mientras la maestra escribía en la pizarra, cuando le lanzaste la goma de borrar a un profesor.

–Wilbert, que locura aquella habernos ido a combatir sin saber ni manipular un arma. Me dijiste, “¿Vamos a darle una mano a los muchachos? Te dije, ¡Vamos! Y nos incorporamos a los rebeldes que atacaban al pueblo.

–¿Manuel, por qué? ¿Por qué combates contra tu pueblo? Tú no has sido afectado en nada y te pones del lado de los “yanquis”. ¿Es que acaso quieres que tu país sea colonia americana? ¿Quieres que vuelvan los grandes terratenientes, la explotación  y los abusos?

–¿Wilbert, aún no te has dado cuenta que esto es comunismo? Están interviniendo todo, han declarado la guerra a los religiosos, a los homosexuales, han fusilado a cientos de gentes inocentes, las cárceles se han llenado con aquellos que no están de acuerdo con tu gobierno. Estamos en las mismas, estamos ahora bajo otra tiranía.

–No, estás equivocado. Fidel dijo que esto no era comunismos, que nuestra revolución es mas verdes que las palmas. Se han encarcelado y fusilado a los criminales que cometieron crímenes y los que se han puesto bajo las órdenes de la C.I.A

–Me parece estar soñando. No puedo creer que tú eres el que está hablando de esa manera. ¿Recuerdas cuando lanzábamos grapas a la carretera para paralizar el tráfico y ayudábamos a papá en la venta de bonos para financiar a los rebeldes? ¿Por qué luchábamos si no era para acabar con la tiranía que nos oprimía?

–No sé si llamarte por el nombre o si decirte, Teniente. Como quieras, me sorprendes. Todo lo que dices lo recuerdo y me entristece verte al servicio del comunismo. Un Sistema que tiene el récord de muertos en el Mundo. Un Sistema donde lo único que vale es el Partido. Sí, pronto crearan el Partido Comunista de Cuba y se acabará la libertad de expresión. La familia se está dividiendo y se dividirá más. Dentro de poco me fusilaran y tú lo aceptarás, porque antes que todo está tu Revolución.

–¡No digas eso!

–¿No? Ahora mismo mi vida depende de ti. Sácame escondido en tu yipi que a ti nadie te va a revisar. No, no lo harás porque tú eres revolucionario y tu hermano es un “alzado” que ha traicionado a la Patria.

–Manuel, has asesinado a varios compañeros. Tú eres un sicario de la CIA. Te alzaste para entregar el país a los americanos. Te pagan por eso.

 –Te equivocas. No he asesinado a nadie. He matado en combate. ¿Acaso no hicimos lo mismo en el ataque al pueblo? ¿Acaso no hicimos lo mismo en los combates siguientes? ¿Acaso no hizo lo mismo tu Comandante en el ataque al cuartel Moncada? Él estuvo cinco años presos y vivía como un Rey en la prisión. A mí me van a fusilar. Sabes bien que muchos políticos americanos ayudaban a la Revolución en dinero y armas. Muchos, de esos terratenientes y capitalistas odiados por el Gobierno, fueron los primero en ayudar a que triunfara la Revolución, pero no entiendes eso porque los tuyos son los buenos y los nuestros son los malos.

–Hermano, la Revolución ha enviado a miles de jóvenes a  alfabetizar. Dentro de poco no habrá analfabetos en Cuba. ¿Eso es malo? Le ha dado la oportunidad de estudiar a todos los pobres que antes no podían, otorgando becas y convirtiendo cuarteles en escuelas. ¿Eso es malo? Se ha firmado la Ley de Reforma Agraria para darle tierra a los campesinos y acabar con los grandes latifundios ¿Eso es malo?

–Wilberto, lo que dices de la alfabetización no es malo, pero acaso no es una forma de adoctrinar con las nuevas ideas revolucionarias. ¿Has leído las cartillas de alfabetización? Has visto el adoctrinamiento en los Centros de becarios.

–¡Teniente! El Comandante quiere que le envíes inmediatamente al prisionero –dijo un uniformado recién llegado.

–Un momento, por favor – contestó y le hizo seña para que saliera.

–Recuerda Wilbert, los políticos solo buscan su beneficio o el poder.

Se acercaron y se fundieron en un abrazo, se besaron y estuvieron mirándose un rato. Por las mejillas del Teniente Gonzáles rodaban muy lentamente las lágrimas. ¡Era su hermano! El corazón se le oprimía al saber que sería la última vez que lo vería. Manuel González lo miraba fijo sin pestañar. Entraron a buscarlo y antes de darle la espalda le lanzó una escupida y justo en la puerta se volteó para decirle:

–Teniente Wilberto Gonzáles, yo no veré a Cuba Libre, pero tú no verás una Cuba triunfante y próspera.

Al día siguiente, Manuel González fue fusilado. Recostado a un árbol en las lomas del Escambray, el Teniente Wilberto González lloraba.



Autor: Pedro Celestino Fernández Arregui









Imagen: https://aquellasarmasdeguerra.wordpress.com/2012/12/07/algunas-armas-utilizadas-en-la-guerra-del-escambray-1960-1966/

sábado, 7 de septiembre de 2019

El Monstruo




                                                  El Monstruo



La luz de los rayos iluminaba a intervalo la pequeña habitación. La sombra de las ramas de un árbol cercano, danzaban en la pared como figuras misteriosas mientras, él dormía plácidamente ajeno a lo que le rodeaba.

A escasos metros de la vivienda, una figura se acercaba sigilosamente a la cerca del jardín. La lluvia al caer opacaba el leve ruido de las pisadas misteriosas y el croar de las ranas se escuchaba como un canto de advertencia.

Una vez en el jardín, se dirigió a la puerta principal con la esperanza de que estuviera abierta. No había nada abierto y el frío de la lluvia nocturna entumecía sus huesos. Dentro de la casa alguien tenía pesadillas y se revolcaba en la cama. No podía imaginar la terrible tempestad que estaba ocurriendo ni sentir la presencia de aquel ser que inútilmente trataba de entrar a su hogar.

Se despertó sobresaltado y jadeando. Se levantó y se dirigió a la cocina a tomar agua. Había tenido pesadillas horribles. Soñaba que un monstruo quería devorarlo y cerró todas las puertas de la casa, pero aquello era muy fuerte y vomitando fuego trataba de derribar la puerta. Entonces sintió algo como un gemido unido al ruido del viento y los rayos. Sintió miedo. ¿Y si el sueño se hacía realidad y había un monstruo afuera? En sus siete años de existencia nunca había tenido tanto miedo. De pronto le pareció ver una sombra de una figura terrible desplazarse por la pared de la cocina. Llamaría a sus padres para  decirle que tenía miedo. Lo regañarían porque les iba a interrumpir el placer de ver la obra de teatro que se exhibía esa noche. Otro gemido, esta vez como un lamento, le había llegado a sus oídos. Volvió a su cuarto y se cubrió con la sábana. Cada vez que caía un rayo, saltaba como impulsado por un resorte. En su mente veía al monstruo de las pesadillas lanzando fuego con ruidos espantosos.

De pronto sintió ruido en la puerta. Su corazón latía desordenadamente. Después de unos minutos, sintió pasos que se acercaban. Había dejado en la sábana una pequeña abertura en la que se podía ver uno de sus ojos muy abiertos. La puerta se abrió y logró ver la figura de un hombre. ¡Su padre! Se levantó de un salto y corrió a abrazarse a su padre llorando.

        ¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?

        Tenía miedo –dijo entre sollozos.

        ¡Vamos, que no se diga!  Tú eres un hombre. ¡Miedo debe haber sentido Miki! ¡Pobrecito! Parece que se quedó afuera y lo ha cogido esta tormenta. Estaba temblando de frío frente a la puerta. Le dimos leche calientica y lo abrigamos bien.

Fue corriendo hasta donde estaba el perrito y lo abrazó. ¡Por culpa de su miedo el animalito había pasado frío!



El miedo es ese monstruo que nos puede destruir o destruir a los demás. Todos, en algún momento recibimos su ataque, pero depende de nuestras respuesta para poder vencerlo.



Pedro Celestino Fernández Arregui


miércoles, 4 de septiembre de 2019

La Rosa




                                                   La Rosa



–¡Por favor! ¿Me das aquella rosa?

Tomé la rosa y me dirigí al banco donde estaba sentada. ¡Era tan hermosa! Estoy seguro que no me va a rechazar esta preciosa rosa. Una rosa para otra rosa.

Mientras me dirijo hacia ella, pienso en las veces que necesitamos de alguien con un detalle para nosotros. Un sonrisa, un saludo, una flor, cualquier cosa puede significar mucho en una persona, aunque sea un momento feliz.

Llevo detrás  de mi espalda, la flor. Deseo sorprenderla. Observo miradas pícaras y sonrisitas disimuladas en aquellos que están sentados en otros bancos.

Mientras ella, ajena a todo, tiene su mirada puesta en el infinito, allí donde no se ve nada pero se observa todo. Sus manos entrelazadas encima de sus muslos, su cabello descuidado, su vestido sucio y su sonrisa olvidada.

Me detengo frente a ella. Por primera vez su mirada se clava en la mía.

–¡Quiero ofrecerle un regalo!

–¡A mí! ¿Por qué? ¿Nos conocemos?

–Sí, la conozco. Solo quiero que a cambio de mi regalo me deje besar su frente.

Frunció el ceño. Sabía que en ese momento pasaban por su mente miles de cosas.

–Usted es una mujer como otra que ha caminado por calles y caminos, que ha amado y sufrido decepciones.  Has vivido momento felices, se ha divertido, pero también ha llorado. Ha llegado sola, al último tramo de su vida. Para usted, esta flor.

De la admiración pasó a sonreír y mientras miraba la rosa le di un beso en su frente arrugada.

Le di la espalda ante las miradas incrédulas de los presentes en el lugar y desde lejos pude ver como disfrutaba de su rosa.

Pedro Celestino Fernández Arregui